En el deporte profesional estadounidense no hay rivalidades como las que mantienen los equipos de Boston y Nueva York. Cada encuentro entre franquicias de las dos grandes ciudades del este moviliza pasiones y todos quieren ganar de cualquier manera. Si es necesario, introduciendo las trampas tecnológicas en un deporte tan tradicional como el béisbol. Steve Jobs estaría orgulloso de que sus ideas hayan penetrado hasta el corazón mismo del ser americano que representa el juego de las bases.

La MLB acaba de revelar que los Boston Red Sox, ansiosos por derrotar a los New York Yankees en una serie de tres encuentros disputada este pasado mes de agosto, mancillaron el diamante al sustituir las señas tradicionales (un buen escupitajo, una mueca, una señal con los dedos) por un Apple Watch. En serio. El gráfico al que conduce este tuit del New York Times explica cómo:

Intentaremos contarlo de forma sencilla. Las señales gestuales están por todas partes en el béisbol. Entre las más importantes figuran las que el catcher, que se sitúa tras el bateador, hace a su pitcher para indicarle qué tipo de lanzamiento quiere. El equipo del bateador, por su parte, intenta hacerle saber qué clase de bola puede esperar. Bien. Siguiente paso.

Cuando un corredor llega a segunda base posee línea de visión directa con el catcher, así que este cambia las señales a otro código de números (indicados con los dedos) que comparte con el pitcher. Lo hace para que el corredor no las identifique y no se las pueda transmitir al bateador. ¿Seguís conmigo?

Tras investigar una denuncia de los Yankees, la MLB acaba de confirmar que un equipo de vídeo de los Red Sox analizó durante los partidos en el Femway Park los gestos del catcher neoyorquino cuando la segunda base estaba ocupada y, una vez identificada la relación entre las señales y los lanzamientos correspondientes del pitcher (bolas curvas, rápidas, etc.), le trasmitió el código numérico descodificado al banquillo bostoniano. Desde allí los entrenadores avisaron con gestos al segunda base y este hizo lo propio con su bateador, que así pudo anticipar el lanzamiento del pitcher yankee para golpear la bola a su antojo. La situación se repitió reiteradamente.

¿Pero dónde está la trampa si las señales están permitidas en el juego? La trampa está en la tecnología. La liga prohíbe el uso de cualquier dispositivo externo para la comunicación, que debe realizarse de forma natural. El equipo de vídeo de los Red Sox enviaba la solución del código gestual a un Apple Watch, el smartwatch que portaba en el banquillo uno de los entrenadores de Boston. Sacrilegio.

Revelado el engaño, ahora hay que esperar por las sanciones. Mientras tanto, en Boston pueden ir añadiendo otro nombre a la colección de tramas sospechosas urdidas por sus clubes, tras el Spygate y el Deflategate de los New England Patriots de la NFL. ¿Cómo llamarle a esto? ¿(Christina) Applegate?

Descuidad: habrá chistes mejores. Los cómicos estadounidenses ya han comenzado a sacar provecho de todo este delirio.

 

 

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