El tenis español vive el momento más dulce en toda su historia. Rafael Nadal viene de conquistar el US Open, afianzando su trono en lo más alto de la ATP, mientras Garbiñe Muguruza hace lo propio el la clasificación mundial de la WTA. Nunca antes se había producido tan gloriosa coincidencia: un hombre y una mujer dominando en sus respectivas categorías.

Pero mientras el tenis español presume de representantes, alguien en la Federación Española del principal deporte de raqueta ha debido de sentir cierta envidia. Rafa por aquí, Garbiñe por allá, ¿y nosotros qué? Efectivamente, buscaban protagonismo y lo han logrado de una forma bastante inoportuna, fulminando a Conchita Martínez como capitana de los equipos de Copa Davis y Copa Federación.

Un rápido vistazo a la reacción del público en las redes sociales basta para comprobar el descontento popular generado por la decisión. Martínez llevaba siendo capitana del equipo femenino desde 2013 y del masculino desde 2015, poco después del caos ocasionado por el nombramiento de Gala León.

La aragonesa llegaba al banquillo en un momento de máxima tensión, con el equipo masculino pasando su peor etapa en muchísimo tiempo. Pero su excelente relación con los jugadores resultó clave, y España recuperó su plaza en la élite, cayendo en la presente temporada frente a Serbia en cuartos de final.

Pese a dicha derrota, la sensación más extendida es que se había recuperado el terreno perdido con Conchita Martínez al frente. Una opinión no compartida en los despachos de los que mandan, obviamente. Y la reacción para estos dirigentes no se ha hecho esperar. En primer lugar, por parte de la propia ex tenista.

Más allá del duro comunicado de Conchita, se observa un denominador común en la reacción entre los aficionados y aficionadas. Tristeza. Rabia. Injusticia. Y junto a ellas, ánimo y los mejores deseos para la aragonesa, que se va con la cabeza alta y el aprecio y reconocimiento del público.

Queda ahora por comprobar la respuesta de los jugadores y jugadoras, porque entonces sí que se podría formar un verdadero maremoto. “Se les ha consultado, seríamos tontos si en la junta decidiéramos en contra de los jugadores. Nunca se tomará una decisión que rechace la mayoría de ellos, pero la decisión es de la junta y no eludimos la responsabilidad”, dijo Tomás Carbonell, vicepresidente de la RFET, a El Mundo. La vuelta a la tempestad que había ayudado a calmar Conchita Martínez.

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