El Eurobásket es un torneo que se juega cada dos años, a veces en varios países al mismo tiempo y con un número de selecciones que varía entre muchas y demasiadas, y en el que al final España siempre está en el podio. La generación del 80 da sus últimos coletazos pero mientras pateen los Gasol, las medallas están aseguradas y sólo falta decidir la graduación. Pau y Marc se encargaron ante Rusia (93-85) de amarrar el bronce en el Eurobásket, un nuevo éxito que en esta ocasión sabe a poco, pero que sirve para despedir a Juan Carlos Navarro como se merece: con medalla al cuello, para no romper los buenos hábitos.

La Bomba dice así adiós a su trayectoria con la selección española, tras ganar tres medallas olímpicas, el oro mundial y seis medallas del Eurobásket. Capitán de España con récord de partidos disputados, Navarro cierra una etapa que le eleva a categoría de mito en el concierto europeo. Pero lejos de sus mejores años como anotador peligrosísimo y con sentido de la oportunidad, desatascador de partidos, imprevisible en sus acciones, tirador de rachas aniquiladoras y perfeccionador de un tiro tan estético como complicado que lleva su nombre (la bomba), el escolta del Barcelona tuvo que subirse a los hombros de sus socios preferidos para poder gozar el bronce en este Eurobásket.

En un partido extraño, de rachas y poco brillante, España superó a Rusia con 51 puntos de los hermanos Gasol, que se turnaron para sostener a su equipo en los momentos de espesura y dar los tirones necesarios cuando Rusia mostraba sus lagunas de concentración. La selección liderada por el tirador compulsivo Shved pagó caro un inicio flojo de partido, en el que desaprovechó muchos tiros abiertos y cometió demasiadas pérdidas, casi nunca forzadas. Cuando Rusia se entonó puso en aprietos a España, con la lógica poca tensión de una final de consolación y evidenciando una vez más los problemas que expuso Eslovenia en las semifinales.

Pero actuaron los Gasol como seguro, y ante eso pocos equipos en Europa pueden oponer resistencia. España pudo rendir así homenaje a Navarro, una figura en discusión en los últimos tiempos, como suele ocurrir con los jugadores importantes cuyo declive es material sensible en un grupo que lleva unido más de una década. «Sin duda no soy aquel Navarro que jugaba 30 minutos. Eso ya lo sabe todo el mundo», reconocía el propio jugador antes del torneo, en el que ha tenido que jugar más de lo que se pensaba a priori por las lesiones de Llull primero y Abrines después.

Juan Carlos Navarro fue manteado por sus compañeros tras recibir el bronce y deja la selección tras ayudar a cambiar (quizás para siempre) la cultura del equipo nacional español, eterna promesa cuando debutó allá en el 2000 en los Juegos de Sidney. «Cuando era el líder en la pista me querían allí; cuando no he sido tan líder, como en estos últimos años, me han valorado por otras cosas”, dijo Navarro a modo despedida, mientras sus compañeros le lanzaban declaraciones de mor  en redes sociales.

.Ahora, España es la mejor selección europea y lucha por perpetuar un modelo de dominación asentado en los pilares Gasol pero que difícilmente se hubiera entendido sin la amenaza constante de la Bomba. Valga como ejemplo el Eurobásket del 2011, donde fue elegido MVP y dejó una actuación monumental ante Macedonia que será recordada.

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