Se dice que el peso del alma son 21 gramos. Hoy sabemos que el peso de la lluvia son 35 segundos. Las gotas que empapaban el cuerpo de Eliud Kipchoge, los pequeños regueros que se formaban en los pliegues de su ropa y las salpicaduras que al secarse aumentaban el peso de sus zapatillas, toda esa agua de lluvia junta demoró medio minuto y cinco segundos más de lo deseable al keniano, alejándolo de la meta. No de la cinta que marcaba el final del Maratón de Berlín. Esa la cruzó en primer lugar. Pero sí del objetivo real: el récord del mundo.

Kipchoge corrió los 42,195 kilómetros en un tiempo capicúa, de 2h 3m 32s. Que está bien, pero no era lo esperado. Lo esperado era superar la plusmarca (2h 2m 57s) que en ese mismo circuito alemán fijó hace tres años su compatriota Dennis Kimetto, el hombre que llegó, vio, venció y despareció de los podios. Y lo era porque ya lo ha hecho. Ocurrió el pasado mes de mayo, en un evento organizado por Nike, cuando registró unos futuristas 2h 25s sobre el asfalto del circuito de Monza. Pero aquello fue una exhibición mercadotécnica y no homologable.

En Berlín coincidían todas las circunstancias favorables: el circuito más rápido con el mejor elenco posible. Estaba Wilson Kipsang, el maratoniano del momento, ganador en Tokio y habituado a bajar de 2h 4m. Se paró a vomitar en el kilómetro 30 y ya no corrió más. Estaba el mito, Kenenisa Bekele, acaso el mejor fondista de la historia, que dijo basta a partir de la media maratón.

Estaban todos ellos y estaba la lluvia, la invitada incómoda que no cesó de condicionar la carrera, enfriando y añadiendo un gramo tras otro, un segundo tras otro, a las piernas de los atletas.

Aun así, Eliud Kipchoge no corrió solo. El público alemán que resistió el chaparrón tuvo la recompensa de otro invitado inesperado. El etíope Guye Adola, debutante en la distancia, adelantó al último favorito en liza a falta de cinco kilómetros para la llegada. La sorpresa duró 3.000 metros. Al divisar los tilos del famoso paseo berlinés, el último campeón olímpico de maratón decidió ganar la carrera y cruzar primero la puerta de Brandeburgo aunque ya no pudiese ganar el récord.

También se izó la bandera de Kenia por Gladys Cherono, vencedora en la categoría de mujeres con un crono de 2h 20m 23s, a más de tres minutos de la marca mundial que fijó su compatriota Mary Keitany en Londres el pasado mes de abril. Ella dirá que la lluvia pesa al menos 180 segundos. Una losa, en cualquier caso, para los maratonianos.

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