A la cuarta fue la vencida para Simona Halep. La tenista rumana no pudo conseguirlo ni en París, ni en Londres, ni en Ohio, todos ellos escenarios donde se quedó a un triunfo de alcanzar el cetro mundial de la WTA. Pero esta vez, en Pekín, y frente a un fantasma del pasado como Jelena Ostapenko, Halep selló con su pase a la final su tan esperado y merecido reconocimiento: “Es el día más feliz de mi vida”.

La trayectoria de la jugadora de 26 años ha sido una carrera de constancia. Progresó poco a poco y escaló posiciones en la clasificación femenina hasta ubicarse en el Top 10 a principios de 2014. Desde entonces, nunca bajó de ahí. Y cualquier aficionado al tenis sospechaba que su llegada a lo más alto era una simple cuestión de tiempo.

En este 2017 se quedó a las puertas en tres ocasiones, a cada cual más dolorosa. Ahogada en la orilla, especialmente en la de la tierra parisina, donde cayó contra pronóstico en la gran final. A Ostapenko la esperaba poca gente. Se aguardaba el día de Simona Halep. Primer Grand Slam y número uno. Pero todo salió mal para la rumana.

Lo imprevisible del tenis femenino continuó entregándole opciones de llegar al trono en las siguientes semanas. En Wimbledon lo tenía a tiro, aunque sucumbió ante la heroína local Johanna Konta. El mismo guión minó su moral en Cincinnati, cayendo en la final contra Garbiñe Muguruza. Prometió a sus fans volver con fuerza en el US Open pero la cabeza no respondía (adiós en primera ronda frente a Maria Sharapova).

Sería unas semanas más tarde, durante la gira asiática, cuando haría bueno todo el sacrificio y esfuerzo consumido en los últimos años. En la semifinal de Pekín, con Ostapenko al otro lado de la pista y con ciertos momentos dubitativos, Halep desplegó su juego más agresivo para sellar su pase a la última ronda, donde se medirá a Caroline García. Lo hará un día antes de liderar la clasificación WTA, ese sueño que tanto se le había resistido pero que al fin se ha hecho realidad.

No Hay Más Artículos