Ruth Beitia es una mujer todo sonrisa. Durante años lució una aparatosa ortodoncia pero eso no le impidió mostrar en todo su esplendor su felicidad en cada salto, en cada repetición camino del listón, con su longilíneo cuerpo culminado en la horizontal sonrisa. Esas repeticiones acabaron por machacar a la mejor atleta española de siempre, 28 años de carrera primero en el cros y después en el salto de altura, donde se hizo perenne en los podios de las competiciones internacionales. Ahora, a los 39 años y tras pasar un calvario de dolores, Ruth Beitia derriba su último listón: el del adiós al atletismo.

“Ya hemos atravesado el duelo y ya he llorado mucho, ahora toca seguir sonriendo a la vida como siempre he hecho”, dijo la atleta cántabra en el acto de despedida junto a su entrenador de toda la vida, Ramón Torralbo. Ruth Beitia ya dejó entrever su retirada cuando en el Mundial de Londres ya no pudo competir al nivel que solía. A la ciudad londinense llegó tras “cuatro meses horrorosos”. “Nunca había estado tanto tiempo lesionada. Ha sido una especie de pesadilla que no sabía si iba a terminar, pero ahora piso la realidad”, dijo Beitia a El País en la previa de su final.

En esa final ya no pudo dar su nivel, esa constancia competitiva que le ha mantenido en la élite viendo pasar rivales más jóvenes, algunas más talentosas, y siempre sacar resultados. El oro olímpico logrado en Río 2016 fue la cumbre de una obra de autor, de Ruth Beitia y de Torralbo, insistiendo hasta que, a partir del 2005, empezaron a salir a borbotones los títulos españoles e internacionales. 15 medallas y 31 finales de alto nivel (Europeos, Mundiales, Juegos Olímpicos), dos Diamond Leagues que le ayudarán en la vida después del tartán y sobre todo la imagen de integirdad y sacrificio que ha convertido a Beitia en un icono del deporte español desde una modalidad poco popular.

“En los últimos años hemos recogido los frutos de tantos años de entrenamiento”, dijo Ruth Beitia en su despedida, refiriéndose a sus últimas medallas y, sobre todo, al oro olímpico en Río. Pero también ha recogido una retahíla de dolores y molestias, ahora especialmente el hombro, que han tenido a la cántabra sin poder descansar y martilleando la fuerza de voluntad necesaria para, en la frontera de los 40 años, seguir motivándose para saltar otra vez 2 metros. Ruth Beitia dijo basta. Se lo tiene merecido.

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