“Mi año ha sido increíble, esto era un objetivo cumplido y quería acabar con un broche de oro, pero…”. Quien habla es Garbiñe Muguruza, apeada de la Copa de Maestras de Singapur al caer ante la estadounidense Venus Williams por 7-5 y 6-4. La española, que pese a todo aseguró marcharse “contenta”, no podrá finalizar 2017 como número uno en la clasificación WTA.

El duelo contra la norteamericana era un todo o nada para Muguruza, debido a su derrota previa frente a la checa Karolina Pliskova. Sin embargo, la española no compareció. Cometió más de una treintena de errores no forzados y ofreció la peor versión de su servicio. Ello facilitó la labor de Williams, que clamó venganza después de la lección recibida en la final de Wimbledon.

Ese es, sin duda, el punto álgido de la temporada para Muguruza. Una conquista sobre el césped londinense a la que precedieron meses titubeantes. Comenzaba el curso de forma notable, alcanzando las semifinales en Brisbane y los cuartos de final tanto en el Open de Australia como en Indian Wells. Pero el cambio de superficie le sentó mal a su cordaje.

La defensa de su corona en París recibió un severo golpe en cuarta ronda ante la local Kristina Mladenovic. Antes ya había sucumbido rápido en Madrid y Stuttgart, con el único asterisco positivo en las semifinales de Roma. Y entonces llegó la gira de hierba, la que sí la encumbró hasta el cielo tenístico, la victoria en el All England Tennis Club.

El asfalto de Stanford y Montreal le sirvieron para calentar de cara al Open de Cincinnati, donde aplastó primero a Pliskova y luego a Simona Halep en la final para obtener su segundo título del año. Y pese a que no mantuvo dicho nivel en el US Open, su buen hacer previo le sirvió para convertirse en la primera número uno mundial española desde Arancha Sánchez Vicario en 1995.

No podrá finalizar la temporada en dicha posición tras su eliminación en Singapur, aunque como bien señaló la propia tenista, ha sido un 2017 muy satisfactorio. A sus 24 años solo irá a más.