La NBA lo quiso atajar con un cambio de normativa este verano: los patronos de la liga estadounidense están cansados de ver cómo los equipos deciden sin aviso previo descansar a algunos de sus mejores jugadores, dejando a las audiencias televisivas y en el pabellón sin verlos (en ocasiones en la única oportunidad que tienen de hacerlo). Entienden que así se está devaluando el precio de las entradas y de los derechos televisivos. Algo así, más una mezcla de orgullo chauvinista, debió sentir Guy Forget, organizador de Roland Garros y del Masters 1000 de París, cuando Roger Federer le dejó plantado.

El mito suizo decidió no participar en el torneo de París-Bercy para preparar mejor el Masters de la ATP con el que cerrar de facto la temporada. Federer ya había renunciado a Roland Garros siguiendo el estricto plan que se aplica para descansar y extender su histórica carrera un poco más. Pero claro, a los torneos no les hace ni pizca de gracia quedarse sin uno de los principales atractivos, sobre todo cuando ya contaban con él y seguramente habían atraído a patrocinadores, e invitado a gente importante para que en los palcos se hicieran los deberes mientras Roger pelotea de manera elegante.

“Te puedes imaginar mi decepción, mi frustración. Hablé con su agente por teléfono y me comentó su deseo de descansar para el Masteras. Entonces, supimos que no venía. Cuando un jugador, sea quien sea, renuncia a competir en un Masters 1.000, uno de los mejores torneos del calendario, eso empobrece la credibilidad del circuito. Mi felicitación para los que hacen el esfuerzo de venir y mantenerla, otros la disminuyen”. se quedó a gusto Forget sobre Roger Federer en una entrevista para L’Equipe.

“Rafa Nadal está aquí, otros habrían hecho el esfuerzo. Otros tienen lesiones y están en la cama de un hospital. Pero cuando un jugador gana un torneo a 500 kilómetros y no quiere venir a jugar, nos entristece”, continuó el extenista francés. Es que, para más inri, Roger Federer cumplió con la tradición de jugar en el torneo de su casa, Basilea, y ganar la final a Del Potro. No hay vuelo transoceánico de por medio, le basta un cómodo tren para irse a París. De ahí el cabreo de Forget por el segundo desprecio de Federer a París. Ya habíamos dicho que la exigencia del circuito tenístico en los jugadores de élite estaba causando el doble efecto de, por un lado, el castigo que sufren los protagonistas y por el otro, la decisión de hacer más corta su temporada. Federer lo sabe mejor que nadie, y no le importa la diplomacia.

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