Los Ángeles Dodgers lo tenían todo: el glamour de la ciudad; las estrellas de la sociedad californiana en los palcos con Magic Johnson, copropietario del equipo, a la cabeza; el nombre de la franquicia en la que jugó el mito Jackie Robinson (aunque por entonces estaban en Brooklyn); y seis títulos de Series Mundiales en las vitrinas. Los Houston Astros no tenían nada de eso. Por no tener, no tenían ni la ventaja de campo. Y, sin embargo, se fueron con todo lo que importaba del último partido de las finales del béisbol estadounidense disputado en el diamante angelino: el trofeo de campeones, el primero en sus 56 años de historia.

El séptimo y decisivo partido terminó con marcador de 1-5 para los texanos y resolvió una eliminatoria emocionante, con historias dentro y fuera del terreno de juego. Algunas edificantes, como la de la pequeña Hailey Dawson y su prótesis, y otras preocupantes, como la del gesto racista del jugador de Houston Yuli Gurriel, hacia el pitcher de los Dodgers, Yu Darvish, en el tercer encuentro. El cubano fue captado por las cámaras de televisión haciendo el gesto de los ojos rasgados y llamando “chinito” al lanzador japonés de Los Ángeles. Gurriel, que pidió disculpas, fue suspendido por cinco partidos. Sin embargo, la MLB le permitió seguir disputando las finales y la sanción será efectiva para la próxima temporada.

Cuando le tocó batear anoche, Gurriel se sacó el casco y saludó agachando la cabeza en señal de contrición hacia el pitcher. Pero nada podía consolar a Darvish, superado siempre por los jugadores de los Astros. Concedió cinco carreras en las dos primeras entradas y fue relevado. La quinta anotación, porque tenía que suceder así, fue un jonrón de George Springer, nombrado mejor jugador de estas Series Mundiales tras sacarla cinco veces fuera del recinto en las series más jonrroneras en 113 años de historia del torneo: hasta en 25 ocasiones el público se pudo llevar una bola de recuerdo.

Los Astros se lo llevaron todo: el trofeo y una alegría para Houston, necesitada de buenas noticias tras el desastre del huracán Harvey. Alguno de los jugadores se llevó incluso algo más que la gloria del primer entorchado para la franquicia. El shortstop portorriqueño Carlos Correa se llevó una esposa.

Ya decíamos que fueron unas Series Mundiales llenas de historias emocionantes: algunas sobre el diamante, otras con un diamante engarzado en un anillo.