A principios de semana, ocho personas fueron asesinadas en un atentado terrorista en las calles de Nueva York. Pero la capital oficiosa del mundo occidental nunca se detiene: “Quiero despertar en una ciudad que no duerme nunca”, le cantaba Frank Sinatra. Después del cobarde ataque, los neoyorquinos se pusieron igualmente sus disfraces y disfrutaron de la fiesta de Halloween que tenían programada. Llegado el domingo, se echaron a las calles de los five boroughs para aplaudir a los corredores del Maratón de Nueva York. La prueba premió al público con historias para recordar.

La mejor, la de Shalane Flanagan, plata olímpica en los 10.000 metros de Pekín 2008 y tercera en el Maratón de Berlín de 2014. Shalane, de 36 años, no le hizo caso a su padre, quien le repetía que “no puedes sacar un Ferrari de la carretera”. Se lo contaba a Runner’s World en febrero, para explicar la lesión en la cresta ilíaca que le impidió competir en el Maratón de Boston. Las nevadas del invierno en Oregón la animaron a entrenar en la cinta de correr y en terrenos resbaladizos. Su cuerpo, poco acostumbrado a esas superficies, lo pagó con una fractura que le hizo pensar en el final de su carrera.

La atleta de Colorado se recuperó para probar suerte en la Gran Manzana. Lo hizo y batió, contra todo pronóstico, a Mary Keitany, una keniana más asentada en la ciudad que la propia Times Square. La deportista africana había ganado los tres últimos maratones a la sombra de los rascacielos. En esta ocasión llegó a meta con un minuto de retraso respecto a Shalane Flanagan, que marcó un tiempo de 2h26m53s cuando cruzó la cinta. En una semana muy necesitada de conforto para la ciudad, la bandera estadounidense se irguió por vez primera en 40 años al final de la prueba femenina. Desde 1977 una corredora autóctona no completaba los 42km en primer lugar.

La prueba femenina tuvo emotividad y la masculina tuvo emoción. El keniano Geoffrey Kamworor, de 24 años, ganó con una marca de 2h10m53s. Detrás de él llegó Wilson Kipsang. Y cuando decimos detrás es detrás: a dos segundos de culminar una remontada sorprendente. Kipsang, ganador en Tokio, y considerado el dominador actual de la especialidad, se tuvo que retirar en Berlín, y no pudo quitarse el mal sabor de boca porque la cinta llegó 50 metros antes de lo que él necesitaba para adelantar a su compatriota.

Nueva York pudo despedir también a Meb Keflezighi en su última prueba competitiva, el maratón 26 de su carrera. Ganador de Boston en 2014, el americano de origen eritreo, corrió la última recta saludando a un público agradecido y necesitado de buenas historias en una semana que comenzó con historias terribles.