Fabian Cancellara lleva un año retirado y el recuerdo inmaterial de su legado es el del poderío de su casi 1.90 metros y más de 80 kilos desplegando una tremenda potencia sobre su bicicleta para ganar en clásicas y dominar con puño de hierro en las contrarrelojes. El recuerdo material es un palmarés lustroso, 96 victorias en todo tipo de pruebas que demuestran que un ciclista no necesita ganar rondas de tres semanas para ser leyenda. Cancellara es tan grande que hasta le acompaña una leyenda urbana de las que resultan irresistibles: que usaba un motor en su bicicleta. Y la autobiografía de un compañero de pelotón recién publicada no hace más que alimentarla.

Phil Gaimon ha añadido pimienta a un debate que parecía un tanto surrealista. La sospecha de dopaje tecnológico en el ciclismo profesional es recurrente, y el nuevo presidente de la UCI dice estar dispuesto a atajarlo, aunque sólo se haya descubierto un caso en ciclocrós (y el bochorno de un aficionado italiano). “No me lo creía hasta que escuché a antiguos compañeros de Cancellara hablar de ciertas cosas, como que tenía su propio mecánico, que su bici se guardaba separada de las demás, y que conseguía escaparse de la élite de los dopados”, dice el libro de Gaimon.

“Cuando ves el vídeo, sus aceleraciones no parecen naturales, en absoluto, como si estuviera teniendo problemas para mantenerse en los pedales. Ese cabrón probablemente tenía un motor”, continúa Gaimon. El vídeo al que se refiere es el famoso fragmento en el que se analiza un tramo de la París-Roubaix donde, supuestamente, Cancellara activa un motor en su bici.

En una entrevista reciente en Marca, Cancellara tuvo que referirse al famoso asunto. “Cuando sale no le das demasiada importancia, lo aceptas, pero luego no es bonito que la gente piense que ahí podría haber habido un motor. Si la gente mira tus victorias, tu estilo, se tendría que dar cuenta que el motor son mis piernas. En la bicicleta no había ningún motor. Siempre corrí de manera honesta”, dijo el suizo. El motor en la bicicleta, a medio camino entre la leyenda urbana y la teoría de la conspiración, perseguirá a Cancellara más allá de sus exhibiciones en la carretera.

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