Felipe Massa no es el mejor piloto de Fórmula 1, mucho menos el más popular. Aún así, estuvo muy cerca de ser campeón del mundo, concretamente a una curva de serlo, en el 2008. Ahora, después de una larga trayectoria, el piloto de Williams ha anunciado que lo deja, ahora de verdad después de algún amago. Son muchos años en el circuito y, sobre todo, ya tuvo la suerte de escapar de un accidente que pudo ser mortal. El muelle del coche de otro piloto brasileño, Rubens Barrichello, saltó directo a su cabeza y estuvo cerca de trepanarle el cráneo. Esa escena involucró a dos pilotos brasileños; la temporada que viene no habrá ninguno en parrilla, algo que no sucedía hace casi medio siglo.

Massa y Barrichello fueron los dos últimos vestigios de una prolífica cantera de pilotos brasileños, si acaso los menos populares. A Massa ya lo hemos glosado y a Robinho le apodaban Pé-de-Chinelo, que en Brasil significa «poca cosa» y que es muy gráfico para describir a un conductor malo: dirigiendo con Havaianas. En total, Brasil aportó 31 pilotos a la Fórmula 1, con 8 campeonatos del mundo conquistados: 3 para Ayrton Senna, otros tanto para Nelson Piquet, y dos para Emerson Fittipaldi. Desde el malogrado Senna, sólo Massa y Barrichello se hicieron clásicos en el Gran Circo (Robinho acumuló 19 Mundiales, y es el piloto con más Grandes Premios disputados en la historia de la F1).

La última victoria de un brasileño en Fórmula 1 data del 2009, cuando Massa ganó en Italia. Y quitando los dos clásicos recientes, los muchos que han ido pasando en etapas tirando a cortas (Pedro Paulo Diniz, Zonta, Da Matta, Pizzonia, Di Grassi o Felipe Nasr) lo hicieron con mucha discreción. Ni siquiera los nombres ilustres (Nelson Piquet Júnior y Bruno Senna) pudieron aprovechar el tirón de sus apellidos. La Fórmula 1 es un deporte extremadamente caro y los patrocinios de ese nivel en Brasil escasean, sobre todo si el sector público (bancos y petrolera estatal, principalmente) no está para grandes alardes ante la crisis económica de Brasil. Voces autorizadas como las del propio Felipe Massa lamentan la ausencia de escuelas de formación de pilotos como existen en Europa, para aprovechar el caudal de pilotos que, sin poder llegar a la F1, se refugian en Estados Unidos.

Para el futuro, la prensa brasileña sitúa a dos apellidos ilustres en la órbita de la Fórmula 1:  Pietro Fittipaldi, nieto de Emerson, es un piloto destacado en una de las Fórmulas Renault, cantera de pilotos. Por su parte, Pedro Piquet, hijo de Nelson Piquet, participa en la Fórmula 3. Más joven aún que ellos, con 19 años, Sérgio Sette Câmara ha ganado carreras en la Fórmula 2. Puede que Brasil no tarde mucho en tener otro representante en la gran categoría del automovilismo mundial. Por lo de pronto, no tendrá ninguno en el 2018 y hacía medio siglo que no ocurría.

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