Jelena Dokic llegó a ser la tenista número 4 del mundo en el circuito profesional de la WTA. Sin títulos del primerísimo ni del segundo nivel, la carrera de la australiana de origen croata quedó marcada para siempre por el conflicto abierto y desagradable con su padre, Damir Dokic, un ejemplo de manual de la obsesión de la figura paterna con el control de la carrera de sus jóvenes deportistas. Retirada oficialmente desde el 2014 pero ya lejos de su mejor momento años atrás, Dokic ahora tiene 34 años y parece que su vida fuera la de una persona mucho mayor. Su vida deportiva ya queda lejos, su sufrimiento fue grande y su viaje personal de otra época (de los rescoldos de la Guerra de los Balcanes a Australia, de ahí a su Croacia natal y de vuelta otra vez a Oceanía).

Ahora, en su biografía Indestructible, Jelena Dokic no escapa del calvario que sufrió a manos de su padre durante casi toda su carrera profesional y, lo que es más grave incluso, antes de eso. «Me golpeaba realmente fuerte. Empezó desde el primer día que jugué tenis. Desde ahí continuó y se salió de madre. Y no sólo era daño físico, sino emocional, el que me dolía más. Cuando tienes 11, 12 años y escuchas todas esas cosas horribles, eso fue lo más difícil para mí», relata Dokic en el libro.

Comentarista en Australia y entrenadora de tenis, Dokic ganó 4 millones de dólares en su carrera, que alcanzó su cénit en el 2004, cuando fue la número 4 del mundo. A buen seguro, los derechos de este libro pueden ayudar a la australiana a compensar parte de los ingresos que perdió en los 10 años de carrera que siguieron a su número 4 y que fueron de tremenda irregularidad y retiradas temporales, todo tras la explosión de la situación con su padre Damir. «Eres patética, una vaca sin remedio, no vas a volver a casa. Eres una vergüenza. No te quedarás en nuestro hotel», relata Dokic que le dijo su padre tras perder ante Lindsey Davenport un partido decisivo de Wimbledon en el 2000.

Un árbitro descubrió a Dokic en el recibidor para jugadores de Wimblendon, hasta que un árbitro del torneo la ayudó a buscar alojamiento. Tenía entonces 17 años. Pocas semanas después, su padre le dio una paliza en Canadá que le hizo perder la consciencia. Damir Dokic fue expulsado de los torneos cuando empezaron a trascender los abusos sobre su hija, a la que escupía y llegaba a patear cuando algo no salía como él esperaba. La situación empeoró cuando Dokic empezó a hacerse más adulta y una relación con un chico croata, sumada a la vuelta a los Balcanes, hizo explotar al progenitor, que denunció un secuestro ficticio que la propia Dokic desmintió.

Hace años que Dokic no se habla con su padre. El ejemplo extremo de Damir no es, sin embargo, único en la historia del deporte contemporáneo. El padre de otra tenista, Mary Pierce, corrió la misma suerte de prohibición y marginación por los abusos a la francesa y a las rivales de ésta. Andre Agassi, en su best seller autobiográfico, también relató cómo la pasión de su padre por el tenis era mucho mayor que el divertimento del joven Agassi, y la presión que eso suponía.

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