Se acabó la temporada de la Fórmula 1, aunque el campeonato había terminado hace un mes con el cuarto título del británico Lewis Hamilton. El cierre en Abu Dhabi sirvió para que se bañase en champán el finlandés Valtteri Bottas, escoltado por los dos tiranos del circo mundial, el campeón y su perseguidor, Sebastian Vettel. La última carrera también valió para despedir a Felipe Massa, que dice adiós al paddock y deja huérfana de pilotos a la torcida brasileña tras muchos años. Todo tenía sabor a trámite en el emirato. Lo sentía la propia organización, ansiosa por trabajar en novedades que aumenten el espectáculo. Tanto fue así que cerró el curso presentando un nuevo logotipo que sustituirá al emblema de los pasados 23 años.

¿Cómo han sido las reacciones al rediseño de la imagen de la competición automovilística más popular del planeta? Se podrían resumir con un “PSÉ” gigante.

En un deporte que se apoya en la tecnología punta, no se debe desmerecer el peso de la tradición. Si la Fórmula 1 sigue concitando la atención del mundo pese a que la atracción de las carreras se haya desmoronado, con grandes diferencias de rendimiento entre unos bólidos y otros, es porque su nombre está asociado a marcas y pilotos legendarios. Algunos de ellos han corrido siempre bajo el mismo diseño, uno que replicaba una letra efe y un número uno a toda pastilla.

Sean Bratches, el responsable de márketing de Liberty, la nueva empresa propietaria del Gran Circo, justificó así el cambio: “Guardamos en gran consideración la marca actual, que ha servido muy bien a la Fórmula 1 en estos últimos 23 años. Pero mucha gente no comprende que el espacio vacío que hay en el emblema es un número 1″. Dicho de otro modo, consideraban que gran parte del público no había experimentado en todos ese tiempo la epifanía de descubrir el dibujo oculto entre las formas. Lo llamaremos el “síndrome Carrefour“.

El renovado diseño presenta también una efe y un uno con dos líneas curvas y una recta de color anaranjado. Dicen desde la empresa que quieren “cambiar la Fórmula 1 de una empresa de competición, a una empresa de mass media y entretenimiento” y que otras marcas “están simplificando su imagen para entrar en el mundo digital”. “La marca representa el espíritu de adónde vamos”, concluyó Bratches.

Pues ese destino no satisface mucho a las estrellas de las carreras, los pilotos. Aun no habían bajado del podio cuando Vettel y Hamilton verbalizaron ese “psé” al que hacíamos referencia. El piloto alemán fue directo al grano: “Me gustaba más el viejo”. El campeón del mundo hurgó en la herida: “Creo que ya teníamos un logotipo icónico. Imaginad a Ferrari cambiando su logotipo, o a Mercedes“. Al final, Hamilton, sabiendo que va a tener que acostumbrarse al cambio, templó gaitas: “Tal vez nos acostumbremos”. Por su parte, el presidente de la FIA, Jean Todt, habló en términos igualmente desapasionados, aunque sí pragmáticos:  “Si los estudios demuestran que va en interés del desarrollo de la F1, deberíamos apoyarlo. Son personas talentosas, gente de negocios y lo están haciendo muy bien, así que confío en su criterio”.

Los cambios de emblema nunca son sencillos. En ocasiones es el propio público el que, en aras de la tradición, se opone a la eliminación de símbolos que resultan ofensivos, y en otras oportunidades la mercadotecnia no tiene el más mínimo respeto por la historia, pero al menos Liberty debería haberse asegurado de que las estrellas de su negocio mostrasen algo de entusiasmo.