El Giro de Italia ha confirmado este jueves que Chris Froome estará en la lujosa salida de la prueba rosa en Israel, por donde transcurrirán tres etapas a cambio de una millonada para la organizadora de la carrera. El del británico es un fichaje estrella y como tal se ha pagado. Dicen las malas lenguas que el Sky, el equipo de Froome, se embolsará dos millones de los 10 que Israel ha soltado para usar el Giro como campaña de imagen de cara al resto de Europa. No se sabe si de manera directa o a través de la organización, esos dos millones son muy buenas razones para que Froome afronte un reto que en la era moderna del ciclismo se ha revelado como muy cuesta arriba. Y no por las pendientes del Giro de Italia y esas espectaculares etapas montañosas. El doblete Giro-Tour es lo que afronta Froome, camino de su quinto triunfo en la ronda gala.

Desde 1998, cuando Marco Pantani ganase las dos pruebas en el mismo año, nadie ha sido capaz de vencer Giro y Tour al hilo. Es más, los últimos en intentarlo no han salido nada bien parados. Nairo Quintana fue segundo en el último Giro de Italia y estuvo lejísimos de competir por la victoria en el Tour, como venía haciendo. El último vencedor de un Tour en aparecer por el Giro fue Bradley Wiggins, con resultado en abandono. Froome se aferra a los incentivos económicos pero también aduce un motivo de calendario. “Este año hay una semana extra de descanso entre el Giro y el Tour. una semana más de lo normal para recuperar y entrenar, lo que creo que potencialmente hace más manejable la posibilidad de atacar ambas carreras en una gran forma”, estima el británico.

De esta manera, Froome habrá corrido cuatro grandes pruebas en un año: Tour, Vuelta a España (ambas ganadas), Giro y de nuevo el Tour. Muchos kilómetros en las piernas del gran dominador del ciclismo de esta década, que afrontará en el Giro de Italia el primer test de su rivalidad con Mikel Landa, fugado del Sky para abrazar el liderazgo del Movistar (con el permiso de Nairo Quintana). Dumoulin, Fabio Aru, casi seguro Nibali… participación de campanillas gracias al dinero de Israel, que el Giro quiere hacer valer en forma de espectáculo en la carretera. Tanto que no le importa plegarse a las presiones políticas para cambiar las referencias a Jerusalén Oeste a petición del régimen israelí. Siete finales en alto y apenas 45 kilómetros contrarreloj se interponen en el camino de Froome para emular lo logrado por Pantani 20 años atrás.