¿Podría Frank Capra darle un tono de esperanza a la historia de Dwight Gooden, como si fuera un ¡Qué bello es vivir! contemporáneo y con strippers? Lo dudamos. La deprimente historia navideña de Gooden, una vieja gloria del béisbol en Nueva York, deja un indeleble regusto amargo, a pesar de tener elementos por desgracia demasiado conocidos en el deporte: joven de procedencia humilde se encuentra con el éxito a muy temprana edad y en una gran ciudad, pierde la noción del riesgo de las fiestas, del alcohol y la cocaína, se arruina y con él su vida personal, y acaba haciendo de Papa Noel para inaugurar la temporada navideña del más grande club de striptease de Nueva York.

La historia la cuenta el New York Times en un artículo que rezuma tristeza. Gooden habría aceptado posar con chicas semidesnudas que se apoyan en su regazo papanoelesco a cambio de 500 dólares. “Es Navidad, tengo un montón de regalos que comprar. Tengo siete hijos, cuatro nietos, otro más en camino. Toda ayuda es poca. Normalmente la gente paga por entrar en un sitio así, y yo lo hago por dinero”, se justificó Dwight Gooden al reportaje del NYT. Apodado Doctor K por su facilidad para conseguir strike outs (abreviados K) y en semejanza al Doctor J de la NBA, Gooden asombró al béisbol estadounidense como un pitcher novato que lanzaba misiles y tenía una bola curva indescifrable para los bateadores. Novato del año, el más joven de la historia en aparecer en un All Star y campeón con los Mets en 1986, pronto su más que prometedora carrera comenzó a descarrilar por culpa del alcohol y la cocaína.

“He tenido mis caídas a los infiernos, tengo que aceptarlo. Todo lo ocurrido es sólo culpa mía. Entre los 19 y los 41 años, una nube oscura lo tapa todo”, dijo Gooden al New York Daily News en el 2009, recién casado con su segunda esposa, a punto de tener una hija, sobrio y iluminado por la luz de Dios recién descubierta. Cuando conquistó el primero de sus tres anillos de campeón de la MLS, se perdió el desfile de los Mets por las calles de Nueva York porque estaba drogándose junto a su camello. Tuvo tres suspensiones por cocaína en su carrera, una de ellas le costó un año sin jugar y 5 millones de dólares de su contrato.

Dwight Gooden tuvo una larga carrera, que llegó hasta el 2001, y un año antes formó parte de la plantilla de los Yankees que conquistó el campeonato. Pero nunca alcanzó las cotas de brillantez de sus dos primeros años, con ese lanzamiento temido por toda las Grandes Ligas, característico en una exagerada elevación de la pierna izquierda antes de soltar el látigo de su brazo derecho. En la actualidad, Gooden (que se plantó en el Vivid Cabaret exageradamente delgado) recibe por adelantado la pensión que el sindicato de jugadores le garantiza, 200.000 dólares al año por sus 16 temporadas en la MLS. Cubriendo los huecos de los 35 millones de dólares que ganó en su etapa como pitcher y que la cocaína y sus problemas de índole familiar fueron dilapidando. A sus 53 años, Dwight Gooden tuvo que recurrir a su última reserva de la gloria deportiva para sobrevivir, porque no todos los meses puede vestirse de Santa Claus para posar con jovencitas en ropa interior.