Primero sucedió en el ciclismo profesional, luego ocurrió en el Mundial de Motociclismo y era cuestión de tiempo que ocurriera en el de Fórmula 1. En el caso del primer campeonato, la polémica duró dos telediarios, pues tanto el paddock como Dorna apostaron por su continuidad. Ahora queda por ver qué sucede con el circo de las cuatro ruedas. Nos referimos, claro, a las chicas de las parrillas.

Ross Brawn, el director deportivo de la competición, ha hablado en la BBC sobre la diversidad de opiniones al respecto: “Hay mucha gente que respeta la tradición y hay otras personas que sienten que se ha vuelto un poco anticuado, así que nos estamos encargando de ello”.

Mucho más ambiguo todavía se mostró Chase Carey, el máximo responsable de Liberty Media, propietarios de la Fórmula 1. Desde su punto de vista, se requiere “una decisión correcta para el futuro del deporte”. Carey considera que, al tratar “con equipos y un gran ecosistema, con una gran base de aficionados muy apasionados, nunca habrá consenso”, sino diferentes visiones del asunto.

Efectivamente, es un tema delicado. Y como señaló el responsable de Liberty Media, habrá decenas de opiniones y explicaciones sobre por qué pensar de una forma u otra. Lo que es evidente es que los tiempos están cambiando y este tipo de debates tenían que emanar tarde o temprano. Tal como ha ocurrido en otros deportes, de hecho. El espacio que muchos medios de comunicación dedican a las chicas ligeras de ropa que hacen una función meramente decorativa no deja de llamar la atención hoy en día.

En la Vuelta a España, por ejemplo, desaparecieron las chicas que besaban a los vencedores o líderes que pisaban el podio después de cada etapa. Y en MotoGP, pese a la opinión de ciertos pilotos, como Maverick Viñales, la presencia de las grid girls empieza a disminuir. Lógico que, como mínimo, la Fórmula 1 se plantee su continuidad o, tal vez, una modificación del rol que hasta ahora habían desempeñado.

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