Cuando el mundo del ciclismo parecía que no podía sorprender más con casos de medicación usada con fines espurios, cuando los aficionados aún están asimilando la realidad de que Chris Froome también ha dado positivo, llega una historia para no dormir desde el equipo Lotto. Tres corredores de la escuadra holandesa han sido apartados de la disciplina del grupo tras ser descubiertos en estado semicomatoso por abuso de somníferos. Especialmente grave es el caso del español Juanjo Lobato, que alertó a todo el mundo porque nadie era capaz de despertarlo. Tuvo que hacerlo un médico en el hospital.

Lobato y dos compañeros holandeses, Antwan Tolhoek y Pascal Eenkhoorn, tuvieron que ser llevados a un centro sanitario tras protagonizar unos hechos tremendamente turbios en el hotel de concentración del Lotto en España. Los dos ciclistas neerlandeses aparecieron dando tumbos como zombis por los pasillos de la residencia. Lobato no se despertaba en su cama. “Pese a que tirábamos de él con la fuerza de 25 caballos, no podíamos despertarle”, dijo el director del Lotto, Richard Plugge, al medio holandés NOS.

En el hospital, Lobato despertó sin mayores problemas, el único que su año de contrato con el Lotto puede desaparecer y su carrera de prometedor velocista (el mejor español tras Óscar Freire) diluirse. El caso ha destapado, según el diario El País, un problema que parece se ha extendido por el pelotón profesional: la adicción a los somníferos, al tabaco de mascar y a los tranquilizantes. “Nos han dicho que hay un problema con los Stilnox y las pastillas para dormir y el tabaco de masticar, y que hay que cortar”, declara Juan Campos, representante de Juanjo Lobato, al periódico español. El Stilnox es un medicamento que se consigue sólo con receta y cuyo componente es el zolpidem, un potente somnífero.

La misma información de El País asegura que algunos ciclistas llegan a usar el somnífero para esnifarlo y mezclarlo con alcohol. Y algunos mascan bolas de tabaco durante las carreras, una práctica que les adormece y podría provocar muchas de las caídas masivas en el pelotón. Una historia para no dormir, y nunca mejor dicho.

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