A casi nadie le hacía demasiada ilusión que Justin Gatlin fuera el que pusiera fin al reinado de Usain Bolt en los pasados Mundiales de Atletismo. Un atleta marcado por escándalos de dopaje ya desde su etapa universitaria, suspendido en su periplo profesional y readmitido sin más en las pruebas del calendario internacional era mirado de soslayo en todas las competiciones, pero su condición de campeón del mundo de los 100 metros era ya demasiado para la conciencia culpable del atletismo. Pocos eran capaces de simpatizar con su historia de redención, de penitencia ya cumplida. Por eso, el impacto de la historia del diario británico Daily Telegraph, que ha vuelto aponer al velocista estadounidense bajo el foco de la sospecha por dopaje.

Dos periodistas de la publicación inglesa se plantaron en Florida (EE.UU) como falsos productores cinematográficos en busca de consejo para un actor que quería entrenar como un atleta para un trabajo. Concertaron una cita con el entrenador de Justin Gatlin, el exatleta y medallista olímpico Dennis Mitchell, y el agente del campeón de los 100 metros, Robert Wagner. La conversación, grabada con cámara oculta, revela que tanto Mitchell como Wagner conocen los sencillos métodos para conseguir sin problemas hormona del crecimiento y testosterona para ser usadas en el entrenamiento deportivo. Incluso dan detalles de los precios, unos 250.000 dólares para conseguir las sustancias prohibidas a través de las recetas de un doctor en Austria.

El reportaje del Daily Telegraph no saca ninguna alusión directa a que Gatlin es consumidor de estas sustancias, que sin duda serían un nuevo positivo del atleta estadounidense. Pero la sospecha es fundada por la facilidad con la que su equipo se refiere a la posibilidad de adquirir productos dopantes en el mercado negro, y la facilidad con la que el atleta estadounidense ha conseguido brillantes resultados tras su suspensión. Gatlin se ha defendido en las redes sociales, asegurando que no ha tomado nada ilegal y diciendo que ha despedido a Mitchell tan pronto se enteró del reportaje. El velocista estadounidense trata de que su imagen no se vea salpicada, consciente de lo frágil que es su estatus a pesar de su victoria en el pasado Mundial.

Sebastian Coe, presidente de la Federación Internacional (IAAF), no tardó en reaccionar: “Estas acusaciones son extremadamente serias y sé que la Unidad de Integridad Independiente del atletismo las investigará”. La agencia estadounidense contra el dopaje también ha anunciado que desviará un poco el ojo de lo que sucede con los atletas rusos para fijarse en su propia casa. La tranquilidad en el reino de Gatlin ha durado muy poco.