André Villas-Boas lo apostó todo al cuatro y perdió por una fatalidad casi cabalística: “Los números se han alineado: el 40 Dakar, yo tengo 40 años, mi tío lo hizo con 40 años… Es emocionante para toda la familia”. En la etapa cuatro el portugués hizo un cero. Para el entrenador de fútbol metido a piloto es como si el Rally Dakar lo hubiese eliminado en la fase de grupos de la Champions League, a las primeras de cambio. Un helicóptero lo evacuó de la duna de arena en la que quedó encallado su vehículo todoterreno camino de San Juan de Marcona, en Perú. De souvenir de esta aventura en el mundo del rally raid se llevará un fuerte traumatismo lumbar que fuerza su abandono.

Sorprendió el anuncio de que el extécnico de equipos como Porto, Tottenham o Chelsea renunciaba a su aventura en el fútbol chino para cumplir un sueño infantil. Con cierta experiencia como motorista, Villas-Boas quiso revivir la epopeya de su tío en una de las pruebas de motor más famosas del mundo. No lo hizo de cualquier forma: escuchó los consejos de quienes le recomendaron renunciar a la peligrosa categoría de motos para cambiarla por la de coches. Ya puesto, no se subió a cualquier vehículo, sino a un 4×4 del equipo Toyota Overdrive, de los más potentes de la carrera. Y a su vera, de copiloto, un compatriota con experiencia en las playas de Senegal como Rubén Faria. “Tengo al mejor equipo y al mejor copiloto… Lástima que yo no sea el mejor piloto”, comentó antes de arrancar. Y acertó.

No hay, en cualquier caso, vergüenza en la retirada del famoso novato. A estas alturas de carrera ha habido medio centenar de retiradas, incluyendo la de nombres tan destacados como Nani Roma, Chus Puras, Sam Sunderland o Sébastien Loeb. Esta última retirada, precisamente, ha sido un duro golpe para la prueba, que pierde mucho interés. Con el adiós de Loeb, Stéphan Peterhansel tiene el camino expedito hasta la meta en la Córdoba argentina para añadir el triunfo 14 a su inigualable vitrina de campeón. Solo el español Carlos Sainz sigue su estela, y esto es un decir, porque está a más de media hora de distancia del piloto francés conocido como Monsieur Dakar.

Nada de eso preocupa ya a André Villas-Boas. A él le aguarda una ocupación mucho menos peligrosa y mucho más lucrativa que el Dakar: elegir un equipo de fútbol que pueda pagar su caché cuando comience la próxima temporada.

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