Mientras sus principales rivales de los últimos tiempos padecen diferentes dolencias y se quedaron por el camino en Melbourne, Roger Federer no entiende de problemas. La leyenda suiza de 36 años parece imbatible en el Open de Australia y ha superado con bastante solvencia al checo Tomas Berdych para plantarse en semifinales. Allí se batirá con el surcoreano Hyeon Chung, vencedor del choque de revelaciones ante Tennys Sandgren, y desde ya gran sensación del primer Grand Slam de la temporada.

Esta vez sí, parecía que Federer perdería su primer set del torneo. Berdych obtenía una rotura nada más comenzar y el checo caminaba con paso firme en los intercambios siguientes. Sin embargo, cuando sacaba para 6-3, Federer renacía y llevaba la manga al tie-break, donde impondría su superioridad.

Berdych seguiría ofreciendo un buen nivel de ahí en adelante, muy por encima de su irregular 2017. Pero contra un rival como Federer eso no basta. El helvético dejaba atrás el susto del primer set y sentenciaba en los dos siguientes por 6-3 y 6-4. Por la vía rápida, una nueva semifinal de Grand Slam para la leyenda. En un gran gesto, recordaba a Rafa Nadal nada más proclamarse vencedor.

El próximo escollo del suizo en su camino hacia un nuevo Grand Slam será el surcoreano Hyeon Chung, empeñado en demostrar que sus victorias sobre Alexander Zverev y Novak Djokovic no fueron casualidad. El asiático, quince años más joven que Federer, acabó con el sueño americano de Tennys Sandgren.

Chung se mostró superior en el set inicial y cuando parecía que el estadounidense se llevaría el siguiente, el joven surcoreano confirmaba su condición de gran restador y daba la vuelta a la situación en la muerte súbita. Losa demasiado pesada para el verdugo de Wawrinka y Thiem, que ya no resistiría más en la tercera y definitiva manga.

El miércles por la mañana, a partir de las 9:30 (hora española), primera semifinal del Open de Australia, entre Marin Cilic (número 6 de la ATP) y Kyle Edmund (número 49). Pero cualquiera de ellos queda opacado por la figura eterna de Roger Federer, que no parece tener límite.