Los Juegos Olímpicos de PyeongChang tenían su particular Lituania de baloncesto de Barcelona 92. El ojito derecho de los medios, aunque en este caso a muchos les haya pillado con el pie cambiado, como la diplomacia de Kim Jong Un dejando en fuera de juego a Estados Unidos en este tema. El equipo femenino de hockey sobre hielo de Corea aunaba a jugadoras del norte y del sur, de los dos bloques enfrentados y separados desde hace décadas. Las chicas se convirtieron en la atracción principal de los Juegos de Invierno, más por el simbolismo político y la animación en la grada (animadoras especialmente traídas del norte, hermana del gran líder de la parte comunista, etc.) que por lo que pasaba en la pista. Aún así, el equipo coreano se despidió con el mejor sabor de boca: con su único gol y además ante Japón.

“Hemos hecho lo que hemos podido en una situación complicada. Nuestros partidos no eran una declaración política. Simplemente, éramos un equipo jugando al hockey y hemos intentado jugar lo mejor que sabemos con la lista de jugadoras que teníamos”, dijo la entrenadora canadiense de la selección de Corea, Sarah Murray. el reportaje de El País explica los problemas que se encontró la técnica: las jugadoras del norte, al menos 3 en pista en cada momento, no dominan las mismas palabras que las del sur, más acostumbradas al inglés; tampoco convivían con ellas en la villa olímpica. Las reticencias del sur hacia la falta de preparación del norte levantó las típicas ampollas de quien sigue viendo con recelo el acercamiento del régimen comunista descolocando a propios y a extraños.

El resultado deportivo fue que Corea perdió sus tres partidos, los dos primeros por 8-0 y el último ante Japón por 4-1. Pero este único gol fue celebrado con fervor entusiasta por el mismo público que tenía sus sospechas sobre el experimento, por muy simbólico que quisiera ser. La coreano-estadounidense Randi Hesoo Griffin fue la goleadora que provocó que se agitasen las banderas con la península de Corea en azul, el símbolo de la reunificación. Además, qué puede haber mejor para unir a dos partes que un enemigo común, y eso es lo que ejemplifica Japón a la perfección. No valió para mucho, pero al menos esa alegría le quedó a Corea y a la afición de PyeongChang.

“Este gol significa tanto… Es un gol que las dos Coreas juntas hicieron a Japón. Veo este partido como un símbolo que puede mejorar la relación con el norte de aquí en adelante”, dijo un profesor de 42 años que se llevó a 30 estudiantes al pabellón para ver la cita histórica, citado por Bloomberg. Sólo el tiempo dirá su la apuesta arriesgadísima del presidente surcoreano Moon Jae-in de acercarse a la familia Kim con sus gestos en los Juegos de PyeongChang rentará en el futuro.