La intención principal de Roger Federer en Rotterdam era colocarse en lo más alto de la ATP tantos años después. Pero, obviamente, alcanzada cierta ronda no iba a desaprovechar la ocasión para levantar un nuevo título en su histórica carrera. Así pues, el suizo ha conquistado el trofeo holandés tras superar en la final a uno de sus teóricos relevos para un futuro próximo, el búlgaro Grigor Dimitrov, por un doble 6-2. Un marcador que refleja claramente lo que fue el partido decisivo. 

El nuevo número 1 mundial arrancó el duelo como un torbellino y Dimitrov apenas podía cumplir para defenderse. Rápidamente, Federer consiguió un break y puso tierra de por medio para minar la moral de su rival, muchas veces considerado su heredero por el cierto parecido de sus estilos y golpeos. Pero visto lo visto, el búlgaro todavía tiene camino por recorrer, porque en la primera manga sólo hubo un color, el de la bandera de Suiza

Dimitrov era incapaz de reaccionar, como evidenció en el primer juego del segundo set, cuando cedió su saque por tercera vez. Desde ahí, a remolque todo el tiempo, en un nuevo paseo para un Federer desatado. Otro 6-2 confirmó el título número 97 en la trayectoria del maestro helvético, que se consolida como gran dominador del circuito a sus 36 años y medio. 

Al igual que Federer, otro jugador que asienta su dominio en la superficie de tierra batida es Dominic Thiem. El joven austríaco, tan irregular sobre asfalto, es una apisonadora sobre polvo de ladrillo y ha conquistado el ATP 250 de Buenos Aires, venciendo en la final al británico Aljaz Bedene. El actual número 6 del ranking demostró su superioridad desde el comienzo y se impuso por un marcador final de 6-2 y 6-4 en apenas una hora y veinte minutos. Thiem será uno de los nombres a seguir durante la gira de tierra, con varios Masters 1000 como previa a la gran cita de Roland Garros.