La Union Jack ondeaba en los Campos Elíseos de París en verano de 2012, y el más británico de los ciclistas británicos, un mod de manual como Bradley Wiggins, proclamaba el inicio de una nueva era en el ciclismo. Ni tres temporadas había necesitado el Team Sky para conquistar el Tour de Francia, la más prestigiosa prueba de la ruta. Con el dinero de Rupert Murdoch detrás, el seleccionador de ciclismo en pista Dave Braisford al frente, y una buena dosis de arrogancia, el conjunto fundado en 2010 logró el éxito inmediato jactándose de un estricto código de máxima transparencia y mínima tolerancia al dopaje. Ahora, un informe del Departamento de Cultura, Medios y Deporte del Reino Unido adelantado por el diario The Guardian, establece que el Sky “se aprovechó del sistema antidopaje para permitir a Wiggins, y posiblemente a sus gregarios, tomar poderosos corticosteroides para prepararse para el Tour de Francia”. 

Según la investigación parlamentaria, Sir Wiggins habría consumido triamcinolona para mejorar su rendimiento deportivo: “El propósito no era tratar una necesidad médica, sino mejorar antes de la carrera su ratio potencia-peso. La aplicación de la Autorización de Uso Terapéutico de la triamcinolona para Bradley Wiggins antes del Tour de Francia de 2012, también significa que se benefició de las propiedades para la mejora del rendimiento que ofrece esta droga durante la carrera”. 

Aunque no escribe la frase con la crudeza debida, el informe emanado de la Cámara de los Comunes viene a decir que Bradley Wiggins se dopó para ganar la carrera. Aunque los hechos probados no bastaron para un castigo en su momento, la sombra de la sospecha ya no se puede disipar a ojos del legislativo británico, establece el informe: “Esto no constituye una violación del código de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), pero cruza la línea ética que David Brailsford afirma que trazó para el Team Sky. En este caso, y en contra del testimonio de Brailsford ante el comité, creemos que el Team Sky usó drogas, dentro de las reglas de la AMA, para mejorar el rendimiento de los ciclistas, y no solo por cuestiones médicas”. 

Desde el equipo ciclista se rechazan las acusaciones gubernamentales. A través de un comunicado niegan que se usasen tratamientos con fines dopantes: “Rechazamos enérgicamente la afirmación. El informe también incluye una denuncia de uso generalizado de triamcinolona por los ciclistas del Sky antes del Tour de Francia de 2012. Eso es falso”. El propio Bradley Wiggins, ahora peleado con su exequipo y que acaba de poner en marcha un club de jóvenes ciclistas, cargó en sus redes sociales contra el modus operandi del comité parlamentario: “Encuentro tan triste que se puedan hacer acusaciones en las que a la gente se le puedan atribuir cosas que nunca han hecho y que se presenten como hechos. Rechazo vehementemente la acusación de que se usasen drogas sin prescripción médica. Aguardo poder dar mi versión en los próximos días”. 

Esta investigación es la vía de agua más grande abierta en el casco del equipo dominador del circuito ciclista y cuya credibilidad comienza a hundirse con cada nueva noticia. No solo la victoria del Sky en el Tour de 2012 está en cuarentena. El triunfo de Chris Froome (ganador de la prueba francesa en 2013, 2015, 2016 y 2017) en la última Vuelta a España continúa en entredicho mientras se aguarda una resolución de sanción por su positivo en la carrera.  

Hasta Downing Street se debería preocupar por las revelaciones. En cierto modo, el Sky actuaba como una prolongación en el circuito profesional de la Federación de Ciclismo Británica, con la que compartía instalaciones, equipos médicos y ciclistas que participaban en competiciones de selecciones como Mundiales o Juegos Olímpicos. Cree el informe que cuanto más crecía el ansia de victoria del conjunto, más lejanas quedaban aquellas promesas de transparencia y limpieza de su fundación.

Además de ser honrado, hay que parecerlo. Y al Team Sky esto último ya le empieza a costar trabajo.