Adrian Newey no tiene la culpa de que él sea una superestrella de la fórmula 1. No tiene la culpa de que su rol sea tan importante que su salario supere a la mayoría de los pilotos de la parrilla. Quizás sea el síntoma de una era que ha apartado a los aficionados paracaidistas (no a los hardcore de la F1) del espectáculo televisivo. Pero la realidad es que Newey es uno de los nombres propios más importantes del Gran Circo, y por eso su noticia de que, justo antes de que arranque el Mundial de fórmula 1, deja Red Bull tiene eco en todo el mundo del deporte. 

Su última obra con la escudería británica aspira a ser el segundo coche de la parrilla desde el 23 de marzo cuando la fórmula 1 arranque en Melbourne, y algunos sospechan que pueden acabar con el dominio absoluto de Mercedes. La temporada pasada, se atribuyó a Newey la autoría del 50% del diseño del coche que volvió a ganar carreras y luchar con Ferrari por el segundo lugar. El ingeniero británico que lleva casi medio siglo diseñando coches con lápiz y cuaderno estaba medio retirado porque consideraba que las regulaciones de la F1 cercenaban su talento, porque ese estaban centrando demasiado en la mecánica y poco en el chasis. Puede que tuviera razón y por eso sus dos últimas obras firmadas (el coche del año pasado y éste) vuelvan a ser ultracompetitivos.

El caso es que Adrian Newey llegó a Red Bull y lo convirtió en campeón del mundo cuatro años seguidos, conducido por Sebastian Vettel. Muchos vieron en el tremendo éxito de la escudería austríaca la continuación de una hegemonía de los ingenieros en la fórmula 1, iniciada por Ross Brawn y sus sospechosos difusores que convirtieron a la escudería Brawn en sosprendentes dominadores del Mundial. Newey ya había aprovechado los mayores presupuestos de la F1 para ganar en Williams y McLaren antes de elevar a Red Bull a la nueva orden de la fórmula 1. Ahora, deja su puesto de jefe de diseño a su pupilo francés, Pierre Waché. “Adrian Newey trabajó más en la aerodinámica y yo estoy tratando de enlazarlo con el suelo. El neumático también tiene su complejidad. Es algo que me fascina”, dice el nuevo ingeniero jefe de Red Bull. Una afirmación que tendrá a los aficionados apasionados.

“No quería alejarme de Red Bull porque me siento como en casa y he estado muy involucrado desde el principio con Chris Horner. No quería dejarlos, pero tampoco quería estar trabajando con una mano atada a la espalda en el departamento de motores. Fue una decisión muy difícil. Ferrari llegó con una oferta increíble, muy atractiva, y me pasé muchas noches sin dormir decidiendo qué hacer y con quién ir. Al final, me habría sentido mal si me hubiese ido de Red Bull”, dijo recientemente Adrian Newey, que rechazó a Ferrari aunque para otra división, no la fórmula 1. Ahora, se dice que el británico se va a diseñar deportivos de lujo de Aston Martin, mientras sigue aplazando su gran sueño: dibujar un barco para correr en la Copa América. Ahí no hay neumáticos ni motores que valgan.

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