Para el aficionado medio, no deja de ser sorprendente que las escuderías de fórmula 1 tengan más miedo de que los otros equipos les roben los ingenieros que los pilotos. Dice más que el espionaje industrial sea el verdadero miedo de los millonarios proyectos de marcas como McLaren y Ferrari que quién los conduzca. En cualquier caso, la sombra del espionaje siempre planea sobre el Mundial de F1, y el temor se ha reabierto con el último movimiento de Ferrari:. la contratación del hasta ahora subdirector de carrera de las pruebas del campeonato, y el llamado a ser el director cuando Charles Whiting lo dejase.

Laurent Mekies era hasta ahora la mano derecha de Whiting y coordinador de seguridad. Este ingeniero de 40 años tenía acceso a todas las configuraciones de los nuevos coches, desde las suspensiones, los escapes, el doble suelo, pasando por la quema de aceite y el consumo de combustible, entre otros aspectos. Se le atribuye a Mekies el desarrolo del halo, el aro protector de los monoplazas para evitar golpes en la cabeza de los pilotos. Ahora, llevará su saber y experiencia a Ferrari a partir del mes de septiembre. Claro que las escuderías rivales están cabreadas porque no tienen ninguna garantía de que en ese período de tiempo Mekies no comparta su saber con su nuevo jefe, Mattia Binotto, director técnico de Ferrari. Y porque las escuderías, sabiendo que este tipo de flujo de mecánicos e ingenieros desde la propia FIA a los equipos es inevitable, habían pactado que al menos debería transcurrir un año para este tipo de movimientos.

Ferrari ha violado el acuerdo de caballeros que teníamos y la FIA lo ha permitido. Estamos muy enfadados”, explicó en la web Motorsport-Total Eric Boullier, director de carrera de McLaren. “El año pasado, el caso de Marcin Budkowski ya causó un gran revuelo. Estamos muy descontentos de que la FIA esté perdiendo a otro miembro clave hacia un equipo”, insistió Boullier, en referencia al ingeniero polaco que fichó Renault también del máximo organismo del automovilismo mundial. 

El espionaje es un hot topic en el garaje de la fórmula 1, desde que en 1978 Arrows sufriera una escisión de trabajadores rebeldes y se presentase una nueva escudería llamada Shadow con un coche exactamente igual al suyo. Pocas veces alcanzó mayores cotas de polémica y gravedad que en el 2007, cuando un mecánico descontento de Ferrari imprimió en un local cualquiera de fotocopias todos los secretos del nuevo coche de Manarello para dárselos a McLaren.

Hubo pilotos de por medio implicados en el caso más turbio en mucho tiempo, y Fernando Alonso lo pagó con dos años de disimulo en Renault. En los últimos tiempos, Mercedes también se ha convertido en el típico rey absolutista paranoico de que le roben el trono y ve fantasmas en todas partes. Pero quizás el peor fantasma del espionaje es el oficial: contratar a los que tienen acceso legal a los secretos de los demás. Y es ahí donde Ferrari parece haberse apuntado un buen tanto.