El mundo del deporte nos permite conocernos mejor a todos. El problema es que a veces nos conocemos demasiado. Cuando Kyrie Irving dice que cree que la Tierra es plana, quizás es demasiada información. Cuando Jordan Clarkson asegura que cree que los dinosaurios eran como los perros de seres humanos gigantescos, quizás sea mejor vivir en la ignorancia. Pero tener que escuchar a Roger Federer dar su opinión sobre cuál es el color de las pelotas de tenis rebasa todos los límites. Porque una de las más absurdas discusiones de la historia del deporte alcanzó de pleno (aunque sin querer) al mejor tenista de siempre.

Un youtuber inglés publicó en su cuenta de Twitter una encuesta en teoría inocente para solventar una conversación de pareja de esas que se enredan de tan absurda que parece, y que la única solución parece venir de una opinión externa. La pregunta es sencilla: “Describirías el color de las pelotas de tenis como a) Verde b) Amarillo c) Otro”. Bien, la cuestión ha alcanzado las 30.000 respuestas, y la mayoría dice que las bolas de tenis son verdes. Dejemos que esta afirmación haga poso en tu interior: al menos 15.000 personas creen que las pelotas de tenis son verdes. 

Se trata de un segundo episodio todavía un punto más delirante que el primero de “El ser humano y su percepción de los colores”, que arrancó aquel post en redes sociales que paralizó el mundo y dividió a la gente en bandos según el color del que creían que era un horrible vestido sacado de las catacumbas de AliExpress. Que si el vestido de marras era blanco y dorado, o azul y negro. Expertos trataron de poner un poco de sentido común en el debate, sin demasiado éxito. “No siempre vemos los colores de la misma manera. Lo sorprendente es que no ocurra más a menudo. Es posible que la gente pueda ver literalmente diferentes colores en el mismo objeto, pero es imposible saber qué ocurre en la cabeza de cada uno”, dijo a la BBC entonces Stephen Westland, profesor de la Universidad de Leeds.

Esto puede sonar a broma, pero The Atlantic preguntó a un experto del Instituto Nacional del Ojo de Estados Unidos sobre el tema. “Cómo etiquetamos una pelota de tenis está basado en factores de percepción y cognitivos: la luz física que entra en el ojo, el conocimiento también sobre cómo etiquetamos esos objetos. La razón por la que el color es tan complicado es porque es un cálculo del cerebro, pero tan bueno que creemos que es una propiedad objetiva del mundo”, trató de explicar Bevil Conway. La cuestión de si las pelotas de tenis son verdes o amarillas (o peor aún, de otro color) va dando vueltas por las redes desde febrero, pero explotó cuando en Chicago un hombre le preguntó a Roger Federer su opinión como, bueno, como usuario cualificado de pelotas de tenis. La respuesta servirá de poco para quienes las vean de otro color.