Decía Fernando Alonso que los monoplazas de la escudería estadounidense Haas iban como balas en pretemporada porque eran una réplica de los Ferrari del curso anterior. Ya sabemos que hay algo en lo que los Haas no han sido capaces de reproducir la excelencia de los italianos: las pistolas hidráulicas que sirven para ajustar los neumáticos. Sendas ruedas mal ajustadas eliminaron a Kevin Magnusen primero y a Romain Grosjean después, provocaron un safety car y despejaron el camino para el triunfo en el Gran Premio de Australia de un verdadero Ferrari, el de Sebastian Vettel, y para el renacer del español Alonso, sorprendente quinto. 

La fortuna jugó un papel determinante en este arranque de la Fórmula 1. Cuando fue evidente que los Haas -cuarto y quinto hasta el momento- no rodaban bien, la dirección de carrera decretó un virtual safety car. En ese momento los ingenieros de Vettel fueron los más espabilados. Era la vuelta 26 y el alemán se metió al garaje por primera vez, ganando los segundos que antes ya habían perdido visitando los boxes el líder de la prueba, Lewis Hamilton, y su perseguidor, Kimi Raikkonen.

Después de las banderas amarillas también tuvo que rodar el verdadero coche de seguridad para retirar con garantías el vehículo de Grosjean de la pista de Alberta Park. Para entonces la carrera ya no se parecía a la de las primeras vueltas y Hamilton preguntaba por radio qué demonios había pasado para que Vettel lo hubiese adelantado. 

Lo mismo pensaban todos los que vieron la mancha naranja del McLaren de Fernando Alonso por delante de ellos. El asturiano tuvo la misma fortuna que Vettel y saltó del noveno al quinto puesto. A partir de ahí, el teutón y el español comenzaron a acreditar con manos y pies el prestigio que les precede, desesperando a sus perseguidores. 

Hamilton, obligado a defender su bravuconada del día anterior ante el piloto de Ferrari – habló de “borrarle la sonrisa” a Vettel-, apretó como pudo. El ímpetu le hizo pasarse de frenada en la vuelta 48, un error que dio al germano el aire que necesitaba para poner tierra de por medio. Por detrás, los Red Bull bufaban: Ricciardo soplaba en el cogote de Raikkonen, tercero, y Max Verstappen seguía con impotencia el alerón de Alonso

Así se consumieron los últimos giros, sin que nadie le borrase la mueca feliz a Vettel, exultante en el primer podio del curso, donde lo escoltaron Hamilton y Raikkonen. Al bajar del cajón, el de Heppenheim no quiso hacer sangre con el vigente campeón de la Fórmula 1: “No me da una satisfacción extra ganar por lo de ayer. Dijo que estaba bromeando y yo le creo. Creo que somos lo suficientemente mayores, no creo que tengamos que seguir a ese nivel”.

Solo había otro piloto tan contento como Vettel. Fernando Alonso, quinto, vuelve a rondar los puestos de privilegio después de una larga travesía de penurias: “Hemos tenido suerte y hemos estado para aprovecharla. Ahora podemos divertirnos en pista”. No está mal para el elegido como mejor piloto de la carrera por la F1.