Olviden todas las imágenes que tienen en la cabeza sobre los jugadores de golf, porque Patrick Reed no es ese hombre. El tejano de 27 años es un bocazas, un tipo arrogante al que persiguen las anécdotas propias de un personaje conflictivo. Pero Reed también es un magnífico jugador de béisbol, uno que estuvo a punto de conseguir lo nunca visto en el Augusta National Golf Club: cuatro tarjetas por debajo de 70 golpes. El estadounidense terminó el Masters con -15 tras completar cuatro rondas de 69, 66, 67 y 71 golpes, soportando durante toda la última jornada la presión de sus perseguidores, Rickie Fowler y Jordan Spieth, que concluyeron con 14 y 13 golpes bajo el par del campo, respectivamente. Así que, ahora sí, Patrick Reed tiene de qué presumir. 

“Soy uno de los cinco mejores jugadores del mundo. Salir a un campo como este y ganar al límite como lo hice, me hace sentir que me he reivindicado a mí mismo”, explicó a la televisión NBC tras su triunfo. No eran palabras nuevas para él, que ya había levantado polvareda cuando tras ganar una prueba de los World Golf Championships con tan solo 23 años se ahorró la modestia que se espera de un primerizo para situarse a sí mismo entre la élite de su deporte. Era su tercer título de PGA y dijo: “No veo a muchos que hayan hecho lo que yo, excepto Tiger Woods y, claro, todas las leyendas”.

En aquel mismo año, 2014, Reed se hizo famoso en Europa cuando se dirigió al público escocés que veía la Ryder Cup en el campo de Gleneagles y, poniéndose el dedo índice frente a los labios, les mandó callarse la boca después de embocar un birdie. Había nacido un villano. 

Por eso se entendía que durante el último recorrido por Augusta, todos los gritos de apoyo y vítores aumentasen cuando era su compañero de ronda quien daba un golpe. Jugando junto a Patrick Reed estaba el favorito del público Rory McIlroy, más favorito aún después de que Tiger Woods quedase lejos de cualquier opción de victoria, en el puesto trigésimo segundo. Pero cuando embocó el último putt en el hoyo 18, los aplausos atronaron con la debida elegancia, la misma de esa chaqueta verde que Sergio García, ganador del año anterior, vistió sobre el golfista de San Antonio. Reed es el cuarto nuevo ganador que conoce Augusta en las últimas cuatro ediciones. 

Las reticencias del público a animarlo llaman la atención, teniendo en cuenta que como estudiante Patrick Reed jugó para la universidad local, Augusta State, y la llevó a ganar dos títulos nacionales. Pero las crónicas de aquellos años retratan incidentes, arrestos y acusaciones de trampas que mancharon la percepción pública de un muchacho de físico nada trabajado por el gimnasio. A sus negativas historias públicas hay que añadir una convulsa vida personal. 

En 2014 ordenó que expulsasen a sus padres cuando seguían su recorrido en el US Open. ¿El motivo? No se habla con ellos. Rompió la relación con su familia cuando le afearon que con solo 22 años decidiese casarse con una chica cuatro años mayor que él. A ella, a Justine, con la que ha tenido dos hijos, le dio el primer abrazo tras vencer. No fue muy efusivo. Porque sobre el verde Patrick Reed está encantado de parecer el malo de la película y ayer celebraba haber sometido a todos los héroes. 

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