Rafa Nadal no tiene pensado ceder su cetro de la tierra batida en algún momento ercano en el tiempo. El tenista balear ha aplastado sin piedad a Dominic Thiem, uno de los jóvenes más prometedores sobre arcilla y verdugo de Novak Djokovic en Montecarlo, para acceder a las semifinales del Masters 1000 en el Principado y demostrar quién sigue siendo el monarca absolutista sobre esta superficie. El resultado final de 6-0 y 6-2 demuestra lo que fue un auténtico monólogo sin mucha explicación. 

Tras el buen partido disputado el jueves por el austríaco ante Djokovic, el espectador podría haber esperado una bonita batalla entre el maestro de maestros sobre polvo de ladrillo y uno de sus alumnos más aventajados. Pero el duelo no existió. Nadal volvió a salir a la pista con un extra de motivación y el sorprendido Thiem cedía un juego tras otro. Durante el primer set, ni rastro del chaval que había llevado a Nole a la extenuación 24 horas atrás. Eso Rafa no lo permite.

Lo peor para el centroeuropeo es que el mallorquín jamás baja la guardia, ni con ese rosco a su favor. Nadal siguió a lo suyo en el comienzo de la segunda manga, colocándose 3-0 arriba y amagando con la que hubiera podido ser la derrota más humillante en la carrera de Thiem. Solo ahí fue cuando despertó el austríaco, sumando dos estériles puntos a su casillero que, al menos, evitaron un doble 0-6 en contra que podría haber sido devastador a nivel mental. El consuelo para él es que el español habría aplastado a casi cualquier otro rival del circuito desplegando este nivel. El habitual, vaya, y que en la arcilla no tiene pinta de disminuir a pesar del paso de los años y las lesiones.

El próximo que deberá lidiar con el estratosférico tenis de Nadal será el búlgaro Grigor Dimitrov, que superó a David Goffin en el primer asalto de cuartos de la jornada en Montecarlo. La otra semifinal saldrá de los enfrentamientos entre Kei Nishikori y Marin Cilic por un lado, y Richard Gasquet y Alexander Zverev por otro. 

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