Hay que tener cuidado de no poner la lengua en contacto con el hielo porque se te puede quedar pegada. Quizás por eso Brad Marchand, que juega al hockey sobre hielo, prefiere poner la lengua en un sitio más cálido y blandito: la cara de sus rivales. No hace falta saber nada sobre el deporte en cuestión para admirar la imaginación de un jugador que tiene a la NHL rascándose la cabeza para decidir qué hacer con el goleador de los Boston Bruins que, por increíble que parezca, es pertinaz en el arte de lamerle la cara a sus oponentes

En los deportes de equipo que permiten el contacto hemos conocido los insultos, los golpes, los escupitajos e incluso algún moco pegado como formas denigrantes que algunos jugadores emplean para acabar con la paciencia de otros. Pero ante la querencia de Marchand por emplear su lengua para acariciar el cuello o el rostro de sus defensores cuesta saber qué hacer. La mezcla de erotismo, guarrería e invasión de la privacidad ajena que caracteriza su gesto tiene a todo el mundo pasmado en una liga que, recordemos, observa con cierta frecuencia a los jugadores desfogar su intensidad a puñetazos. 

Hace tan solo dos semanas la NHL contactó a los Bruins para pedirles que Marchand dejase de lamer a los rivales. Lo había hecho en el primer partido de la serie que los bostonianos le ganaron a los Toronto Maple Leafs. Se arrimó al delantero Leo Komarov y le churrupeteó el cuello y la mandíbula sin que el jugador de los canadienses supiese cómo reaccionar. No era la primera ocasión en la que buscaba el contacto de la piel del jugador estonio. Durante la temporada regular ya lo había besado en la mejilla. 

El besucón Marchand se excusó tras el encuentro: “Pensé que se quería acurrucar y yo solo quería acercarme a él. No para de intentar arrimárseme. No sé si le gusto o qué. Es mono”. Y, pese a la advertencia de la liga, ha vuelto a suceder. Es mejor verlo en el siguiente vídeo: 

Nada frena a Brad Marchand, que ha querido dejar ahora su pegajosa huella a Ryan Callahan, de los Tampa Bay Lightning, en la eliminatoria de segunda ronda por la Stanley Cup que los Bruins van perdiendo 3-1. En este caso, el destinatario del lametón rechazó las atenciones y apartó con el brazo al ¿agresor? Este se justificó tras el partido: “Me pegó cuatro veces en la cara y se seguía arrimando. Nada importante”. 

Con el ala izquierdo internacional por Canadá es difícil saber lo que te espera. Lo mismo se pone cariñoso que te arrea un palazo en los genitales. Exactamente eso fue lo que le valió la expulsión en el primer período de la única victoria de Boston en la serie. De una manera fugaz y disimulada, enganchó con su stick la entrepierna Jake Dotchin e hizo sonar las campanas. 

Por exceso de cariño o de violencia, no conviene estar muy cerca de Brad Marchand en la pista de hielo. La NHL le ha pedido que pare, pero él es incapaz de guardarse la lengua. 

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