Hace 18 años, Fernando Alonso era un joven y prometedor piloto que, con su fuerte acento español y de su Asturias natal, se hacía entender con un precario inglés, con pinta de ser un poco pánfilo y al que los Mika Hakkinen y David Coulthard de la vida le darían a probar su primera cerveza y le llevarían a las mejores fiestas con chicas que su adolescencia se perdió. Ese Alonso que sumó la primera victoria de su carrera en el 2003 es muy distinto del Alonso que, en las 6 Horas de Spa-Francorchamps, volvió a subirse a lo más alto de un podio. Mucho más seguro de sí mismo, el asturiano podría vivir su victoria en la prueba como una más, pero quizás sea la más especial: la de le permite saborear de nuevo un éxito que se le venía resistiendo.

Fernando Alonso se estrenó con triunfo en el Mundial de Resistencia, su primera victoria en 5 años, por fin en lo más alto después de su terrible travesía por el desierto en Renault y en su segunda etapa en McLaren. El mejor piloto de la Fórmula 1 (autoproclamado y también considerado por la crítica) se marchitaba con el desastre de la sinergia de la escudería británica con Honda y (por ahora) Renault. Así que, por su cuenta y riesgo, comenzó a buscar retos paralelos. Le salió medio regular en las 500 Millas de Indianápolis. Pero en Spa triunfó aupado por la superioridad mecánica de Toyota y, sobre todo, su estrategia de no pegarse entre compañeros de equipo. 

Porque Alonso hizo bien su trabajo, tanto en su primer relevo como en el segundo, pero se vio beneficiado primero de la sanción al otro coche de Toyota, que logró la pole position pero fue apartado a una vuelta, y cuando remontó hasta pegarse al culo del coche del piloto español, sufrió un cambio de neumáticos 10 segundos más lento que el de Fernando Alonso. El equipo formado por el asturiano, Sebastien Buemi y Kazuki Nakajima siempre fue por delante, a pesar de los problemas del japonés en el segundo relevo. Pero el único coche capaz de competir era el otro Toyota (el tercer clasificado llegó a 2 vueltas, el cuarto a 3) y la escudería nipona no quería saber nada de peleas que les dejase sin la esperada foto de Alonso cruzando la meta victorioso. 

Mike Conway hizo el último relevo en el otro Toyota, y se pegó a la trasera de Alonso tras una salida del coche se seguridad que redujo las distancias. Pero Conway nunca intentó adelantar y luego los 10 segundos de ventaja al cambiar de ruedas hicieron el resto. Aún así, los dos Toyotas entraron casi juntos en meta. “Es un debut fantástico en el Mundial de resistencia. Kazuki y Sebastien me hicieron la vida un poco más fácil”, dijo el asturiano tras su reencuentro con lo más alto del podio. “Uno se siente tan bien aquí, que me quedaría toda la noche. Recogedme por la mañana, quiero quedarme a dormir aquí”, bromeó el de McLaren. 18 años después, una victoria tan diferente y en el fondo un poco similar para Fernando Alonso.

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