Las ligas profesionales estadounidenses jamás han visto nada igual. Ni siquiera los Arizona Diamondbacks que nacieron en 1998 y tres temporadas más tarde estaban alzando el título de la MLB tras derrotar ni más ni menos que a los New York Yankees en las Series Mundiales. Desde luego, no los Vancouver Grizzlies (ahora en Memphis), ni los Toronto Raptors, creados en 1995, ni mucho menos los Charlotte Bobcats de 2004, las tres últimas franquicias añadidas a la NBA. Y tampoco los Houston Texans, que llegaron a la NFL en 2002. Nunca un equipo ha hecho lo que están logrando los Vegas Golden Knights en las pistas de hielo de la NHL

El 6 de octubre de 2017 jugaron el primer partido de su historia y lo ganaron. Buena señal. Medio año después, los caballeros dorados no han dejado de ganar y son la franquicia de expansión más exitosa en la historia del deporte norteamericano tras clasificarse en su primera temporada de vida para las finales de la Conferencia Oeste en los playoffs de la Stanley Cup, el codiciado trofeo del hockey sobre hielo.

La sorpresa es mayúscula, habida cuenta de que siempre han existido reticencias hacia la idea de instalar un equipo profesional en la ciudad de Estados Unidos que más se parece a Babilonia. Las Vegas es un paraíso del ocio, la ciudad de los casinos, el lujo, la diversión constante y todas las distracciones que atraen a los deportistas millonarios en busca de fiesta. Pese a ser un mercado enormemente atractivo, se dudaba del rendimiento de un conjunto radicado en la meca de las distracciones para cualquier persona con dinero suficiente. El experimento ha resultado un éxito rotundo. 

Para que los Golden Knights hayan sido tan competitivos desde el primer momento ayudó el draft de expasión concebido por la NHL. La liga permitió a las otras 31 franquicias de la competición proteger solo a diez jugadores y un portero de su plantilla, quedando el resto a libre disposición del equipo de Nevada. Aunque la tentación podía ser grande para disponer de los mejores jugadores entre los disponibles, el mánager general George McPhee quiso mirar a medio plazo, llegando a varios acuerdos para no escoger a jugadores desprotegidos a cambio de recibir elecciones futuras de draft. Y con aquellos que sí reclamó, acertó. 

Marc-Andre Fleury, el portero con mejor porcentaje de paradas, demostró a los Pittsburgh Penguins que se equivocaron al preferir retener al diez años más joven Matt Murray. William Karlsson había triplicado mediada la temporada el número de goles anotados en tres cursos con los Columbus Blue Jackets. Y el entrenador Gerard Gallant recuerda desde las finales de conferencia cómo lo despidieron unos Florida Panthers que ni siquiera llegaron a playoffs esta temporada.  

Ninguna nueva franquicia de la NHL había logrado un récord positivo de triunfos en su primera campaña, ganado su división y entrado en las eliminatorias desde la expansión del año 1967. Los Vegas Golden Knights han prolongado su proeza y llegaron a la final, pero si acaban alzando la Stanley Cup, los casinos de su ciudad van a tener que desembolsar mucho dinero para cubrir una apuesta que parecía una chaladura a principios de temporada. Mientras tanto, la NFL y la NBA toman nota para ver cuándo pueden tener su propio equipo en la Sin City de Estados Unidos. Es ahora cuando las ligas profesionales pueden gritar sin rubor al fin “Viva Las Vegas!”. 

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