Los campeonatos mundiales de billar y de dardos paralizan a unos sectores muy específicos de la población británica, principalmente blancos y consumidores de muchas pintas de cerveza. Es un negocio televisivo de primer orden, porque los pubs viven de ellos y se retroalimentan de personajes que quieren imitar a los de la tele in situ. Mark Williams es un ejemplo perfecto. Acaba de ganar su tercer Mundial de snooker, el más veterano de la historia en hacerlo a sus 43 años desde que otro colega de bares, Ray Reardon, lo hiciese con 45 hace mucho tiempo. Y el bueno de Mark lo celebró a lo grande, un desfile épico de extravagancias perfectamente documentado y que le servirán para contar batallas y que le paguen copas hasta que el hígado aguante.

Mark Williams se impuso en la final disputada en el muy tradicional Crucible Theatre de Sheffield a John Higgins, por un apretado 18-16, uno de los márgenes más estrechos de las finales. El galés se fue al vestuario y salió para dar la rueda de prensa ante los periodistas allí congregados. Lo único que lo hizo completamente desnudo, luciendo sus tatuajes portuarios en los brazos y el cuerpo nada atlético de quien se mantiene a base de kebabs y de chips robadas a los asistentes a los torneos. Era una apuesta que tenía pendiente, y la cumplió. “No os acerquéis demasiado”, le pidió con buen tino a los periodistas que querían retratar el momento.

Acto seguido, recogió sus bártulos y se dedicó a un maratón alcohólico hasta el nacimiento del día siguiente, bien documentado en su cuenta de Twitter. “Hace un año estaba pensando en dejarlo, y ahora estoy aquí dando una rueda de prensa desnudo. Si gano el próximo año, haré volteretas por aquí completamente desnudo”, avanzó Mark Williams, que ya tiene tres Mundiales y el anterior lo venció hace 15 años. El anterior campeonato lo siguió por televisión desde su vivienda, una caravana.

A la mañana siguiente de su maratón nocturno, colgó una foto en la habitación de un hotel acompañado de otro jugador de snooker, de lo que, por supuesto, no tiene ni idea de cómo ocurrió. Mark Williams tiene motivos para ser feliz: casado y con tres hijos, el Mundial de snooker le reporta unas 425.000 libras en premio, quizás algo más si lo exprime en los tabloides británicos. Tiene pinta de que ese dinero puede durarle poco, pero por lo menos la fama del momento y el subidón no se lo quita nadie.