Desde que Lewis Hamilton cruzó en primer lugar la bandera a cuadros del Gran Premio de España de Fórmula 1 hasta que lo hizo su más inmediato perseguidor, su compañero en Mercedes Valtteri Bottas, pasó el tiempo suficiente para bostezar, beber un sorbo de refresco y coger el teléfono móvil y comprobar si la pantalla mostraba alguna notificación activa. Veinte segundos, una eternidad en una competición de velocidad, fue la ventaja obtenida por el vigente campeón. “Hoy sentí una sinergia con el coche que no había sentido en toda la temporada”, dijo cuando se sacó el casco y mostró sus trenzas, sus aros en la oreja y un brillante en la nariz. Hamilton le da a su look la variedad que su pilotaje implacable no permite en la pista. 

Solo 14 vehículos terminaron la carrera en el Circuito de Barcelona-Cataluña. Tres de ellos duraron solo tres curvas, el punto en el que Romain Grosjean hizo un trompo con su Hass, arrastrando con él al Renault de Hulkenberg y el Toro Rosso de Gasly. El coche de seguridad juntó a los bólidos y cuando se apartó el Mercedes número 44 salió disparado sin mirar atrás. Todos los vehículos del sexto clasificado hasta el último fueron doblados al menos una vez por la flecha plateada. 

Se libraron de ver a Hamilton pidiéndoles que se apartasen de su camino sus acompañantes en el podio, Bottas y Max Verstappen. También, aunque sea un flaco consuelo para él, Sebastian Vettel. Se suponía que Ferrari tenía el coche más a punto de la parrilla para el inicio de la temporada, pero tras ganar las dos primeras carreras, el alemán lleva tres seguidas sin pisar el podio. Su cuarto puesto lo deja a 17 puntos del líder del Mundial, un Lewis Hamilton que acumula suma 95 y un nuevo récord a su palmarés: la de este domingo fue su victoria número 41 saliendo desde la pole position, batiendo un registro histórico que estaba en poder de Michael Schumacher

Como se corría en territorio español, los focos estuvieron también sobre los pilotos locales. Ambos acabaron en los puntos y dieron una vuelta de honor portando la bandera del país: Carlos Sáinz fue séptimo, y Fernando Alonso, octavo. Para el asturiano, que ha vuelto a saber lo que es subir al primer cajón del podio gracias a las carreras de resistencia, el sabor es agridulce. El de McLaren celebra, tras su larga travesía por el desierto, haber puntuado en cinco carreras consecutivas, pero al mismo tiempo reconoce que “con respecto a algunos de los grandes equipos como Mercedes, Ferrari y Red Bull estamos muy lejos y seguimos en otra liga”. 

Lo que se pregunta el Gran Circo es si en realidad existe otra liga más: la exclusiva y particular de Lewis Hamilton. En domingos como este, donde el paisaje que asoma en su retrovisor es un erial, parece que sí y que la ambición (y los pingües ingresos que le garantiza Mercedes) empuja al británico sin remisión hacia su quinto título mundial de F1

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