¿Qué mejor noticia habría en la víspera de Roland Garros que el regreso de una rivalidad tan enconada como la de Rafa Nadal y Novak Djokovic? Conscientes de que en la tierra parisina Roger Federer seguirá de vacaciones familiares a la espera de desempolvar la raqueta en Wimbledon, los dos grandes nombres del circuito podrían reverdecer sus batallas, separadas en el tiempo por el brusco descenso del juego del serbio. Pero en el Masters 1000 de Roma, Djokovic y Nadal le dieron un buen aperitivo a los aficionados al tenis, al menos durante un set. El balear se impuso en la semifinal del torneo italiano por 7-6, 6-3, a un serbio que dejó chispazos de su versión más afinada.

Hacía un año que Nadal y Djokovic no se veían las caras, y eso es un mal síntoma sobre todo para el serbio, porque dos tenistas de su calibre sólo pueden verse en rondas finales de los torneos y ahí Nadal ha ido apareciendo, sobre todo en tierra. El balance de duelos directos entre ambos, con 50 ediciones ya en su carrera, está casi igualado al 50%. El aficionado echaba de menos lo que se vio por momentos en Roma: largos puntos, pelotas profundas a las líneas, defensas increíbles, réplicas al límite del estiramiento de los isquiotibiales… Hubo destreza técnica y despliegue físico a la altura de dos de las grandes estrellas del tenis mundial. Nadal tuvo el primer set más fácil de lo que indica el tie break, pero no supo cerrarlo con saque a favor y Djokovic tenía ganas de batalla.

El serbio alterna momentos de brillantez con desconexión en sus últimos meses. Pero en Roma y ante Nadal ofreció una de sus mejores versiones en mucho tiempo. Sólo que el rodillo del balear en la tierra batida se le acabó haciendo muy pesado. El segundo set se jugó en la trampa del mejor tenista de la historia sobre la arcilla naranja, más rebajado el ritmo y con Nadal escogiendo dónde y cuándo poner las trampas para hacer creer a Djokovic que podría volver a pegar y a dominar el juego. Aún así, volvió a temblar con servicio a favor para reafirmar su ventaja definitiva en el segundo set, uno de sus tics más atemporales.

Nadal tendrá ahora la ocasión de ganar en Roma su 32ª Masters 1000 y recuperar los puntos que perdió en Madrid. Y, de paso, retomar también el número 1 del ránking de la ATP. Pero quizás el tenis haya recuperado una rivalidad que necesita en vistas de la irregularidad de los jóvenes aspirantes. “Hoy he jugado contra uno de los mejores de la historia. Es muy difícil jugar contra Nole, cambia mucho la dirección de la pelota durante el juego y es una de las cosas más difíciles de hacer. Jugar contra él es siempre un desafío”, dijo Nadal tras ganar a Djokovic. En el fondo, se han echado de menos todo este año.

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