Que Rafa Nadal es un ser extraordinario, uno de los mejores de la Tierra en su trabajo, lo sabíamos desde hace mucho tiempo. Tanto, que incluso la naturaleza parece estar de su lado. Porque cuando el español caminaba peligrosamente hacia la derrota en la final del Masters 1000 de Roma ante Alexander Zverev, los elementos acudieron a su rescate para sentenciar su octava corona en el Foro Itálico y, de paso, elevarle una vez más hasta el trono de la ATP. El ritmo imperial del alemán se cortó de repente a causa de la lluvia que detuvo el enfrentamiento en el tercer set, en una especie de señal divina que decantó la balanza en favor del balear.

Zverev, el tenista más brillante en la gira 2018 de tierra batida sin contar a Rafa, amagó con abrir espacios con un break en el primer juego del encuentro. Pero ese fue el espejismo más absoluto que se recuerda, al menos en lo que respecta a esa manga inicial. Nadal recogió el desafío y aniquiló al joven germano con un parcial de 6-0 gracias a su repertorio habitual. El fondo de la pista era terreno reservado del manacorí y Sascha parecía derrumbarse sin remedio, justo en el día que defendía su trofeo del curso pasado. 

Sin embargo, el alemán de origen ruso es otro desde que ha pisado la arcilla. Campeón en Madrid o Múnich, Zverev fue capaz de un imposible: levantarse cuando el más grande sobre la superficie te está aleccionando. En una demostración de que empieza a alcanzar la madurez a sus 21 años recién cumplidos, el número 3 de la ATP igualó la contienda devolviendo el 6-1 a Nadal, con un juego más agresivo y que le postula como candidato serio a Roland Garros. 

Sascha parecía no detenerse ahí con el inmediato break que obtuvo en el comienzo del definitivo tercer set. Con lo que no contaba nadie es con la climatología. El agua que caía sobre el Foro Itálico obligó a detener el choque con 2-3 en favor del alemán, casi una hora de parón que decantó la contienda para el español. Nadal regresó a la pista mucho más entonado y aplastó al de Hamburgo con otro parcial huracanado, 4-0. A Zverev no le quedó más remedio que aplaudir “al mejor de todos los tiempos” sobre polvo de ladrillo. ¿Nueva cita entre ambos en París? 

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