“En momentos difíciles, tienes que buscar soluciones locas”, dijo Chris Froome al finalizar la etapa reina del Giro de Italia, la 19ª jornada de la carrera rosa que pasará ya a la historia del ciclismo moderno. La solución loca fue una clásica, de otra época, en cualquier caso ajena al ciclismo frío y calculador de Froome en su conquista de un Tour de Francia tras otro. El ataque del británico a 80 kilómetros de meta ha dado un revolcón considerable al Giro de Italia, le ha puesto de líder de la carrera, ha mandado al hasta ahora comandante de la clasificación Simon Yates al retiro y, sobre todo, ha levantado al aficionado de su asiento. Sea para aplaudirle, sea para empezar a sospechar de la limpieza de tamaña gesta.

Chris Froome arrancó en plena subida al Colle delle Finestre, un puerto de 18 kilómetros de recorrido que rompió la carrera y cambió el curso del Giro de Italia 2018 para siempre. Porque confirmó los síntomas de flaqueza que empezó a dar Yates, hasta el momento líder intocable de la prueba. Y porque cambió la percepción que el aficionado tenía de Froome, más atento a sus pulsaciones y a los vatios de potencia que a las sensaciones del aficionado. Su equipo, el Sky, aceleró la etapa y él tomó las riendas con un latigazo a mitad de puerto y al entrar en la zona de grava, sin asfalto, para darle más épica al asunto. 

Quedaban 80 kilómetros por delante y dos ascensiones de consideración (Sertriere y Jafferau, donde terminaba la etapa), pero eso no le importó a Chris Froome, que acabó distanciando a Yates en 40 minutos tras el espectacular hundimiento de su paisano, y en algo más de 3.20 minutos a Dumoulin, que ahora se queda a 40 segundos de Froome en la clasificación general. “Creo que es una de las cosas más increíbles que he hecho encima de una bicicleta”, dijo el ganador de cuatro Tours y una Vuelta a España, después de cruzar la meta y respirar.

El problema viene con esa “cosa increíble”. Porque el fulminante ataque de Froome retrotrae a la salvajada protagonizada por el estadounidense Floyd Landis en el Tour de Francia del 2006, que luego se supo que estaba impulsada por el alcohol y otros estimulantes. O la exhibición del danés Rasmussen en la misma carrera años después. La sombra de la sospecha sobre la espectacular etapa de Chris Froome es inevitable, más aún teniendo el británico pendiente una sanción por su positivo en la Vuelta a España que ganó el año pasado. “Hoy fue ciclismo puro y duro. Esté delante o atrás siempre dirán algo en ese sentido. No cambia nada para mí. Como dije al principio del Giro, hay un proceso para demostrar que no he tomado nada. Es sólo cuestión de tiempo de que todo se aclare“, respondió sobre las preguntas al respecto. Durante su exhibición en las montañas de la 19ª etapa del Giro de Italia, dos espectadores disfrazados de médicos persiguieron a Froome con un inhalador gigante. 

 

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