A Chris Froome nadie le va a quitar el día que vivió este domingo en Roma. Un paseo en la última etapa (casi neutralizada por la queja de los ciclistas por considerar demasiado peligroso algún tramo de carretera), un marco incomparable, una preciosa bicicleta rosa a juego con su maillot para entrar vencedor y ser el primer británico en levantar los brazos en la carrera italiana. De fondo aún los ecos de su portentosa victoria en la etapa reina del Giro de Italia, un ataque a 80 kilómetros de meta en solitario que destrozó a sus rivales. Otra cosa es que, con el paso de los meses, sí le quiten del palmarés la victoria final, así como quizás el triunfo en la última Vuelta a España. Porque la gesta de Chris Froome tiene un sabor amargo y la sombra de que en cualquier momento le cuelguen un asterisco al lado.

El líder del Sky se convirtió en el séptimo ciclista en ser capaz de ganar Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España en su carrera. Ha enlazado el triunfo en la carrera ibérica del 2017 con el Giro del 2018 y es el favorito número uno para ganar el Tour 2018 un año después de vencer su cuarta ronda gala. El único problemilla es que tiene pendiente la resolución de su positivo por salbutamol, una sustancia asociada a los inhaladores para el asma y que mejoran el rendimiento de los deportistas al permitir una mejor oxigenación. Froome dio positivo en la Vuelta a España y su caso está en un limbo procesal, que sin embargo le ha permitido competir en el Giro. Y ganarlo después de dos semanas de aparente debilidad hasta llegar al día más complicado de la carrera, en la que dio una exhibición que hizo a muchos enarcar las cejas. 

“Se marcó un Landis”, dijo en las redes sociales el ciclista neozelandés George Bennett, del Lotto, que después tuvo que explicar que no estaba haciendo alusión alguna al uso de drogas de todo tipo, como el estadounidense en aquella increíble jornada del Tour de Francia de hace una década. El caso es que, lejos de saludar al séptimo ciclista capaz de ganar las tres grandes y autor de una epopeya ciclista de la vieja escuela, el triunfo de Chris Froome en el Giro de Italia no hace más que aumentar las suspicacias sobre el campeón británico. “Si yo hubiera dado positivo, no habría podido correr el Giro”, dejó caer el holandés Tom Dumoulin, segundo en la clasificación tras Froome, y el que podría beneficiarse de una eventual sanción al británico.

“Puedo entender las comparaciones con lo que hizo Landis, pero tengo toda la confianza de que mi victoria se mantendrá”, dijo Froome, que no es ajeno a todo lo que se comenta a su alrededor. “A lo largo de mi carrera he hecho absolutamente todo lo posible para mostrar que hago lo correcto. He compartido más información y más datos que nadie”, se defiende. Froome también afirmó que estará en la línea de salida del próximo Tour de Francia, pero ahí ni siquiera se refería ya a la posibilidad de una sanción, sino al mero hecho deportivo de afrontar en condiciones físicas el reto que se le atraganta a los grandes nombres del ciclismo contemporáneo: ganar Giro de Italia y Tour con apenas dos meses de separación entre una prueba y otra. Si lo hace, Chris Froome pasará a la historia, pero la sospecha no hará más que crecer.

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