La misma carrera que la encumbró la despidió sin sentimentalismo. En su última prueba como piloto de velocidad, la estadounidense Danica Patrick estrelló su monoplaza contra el muro de la curva dos en la vuelta 68 de las 500 Millas de Indianápolis. Echando humo y dando vueltas sobre el asfalto, lo más parecido a un funeral vikingo en el mundo del volante, fue como terminó la carrera de una de las figuras más populares del motor. Famosa por su talento y famosa por ser mujer en un mundo masculinizado. “Ha resultado realmente decepcionante por lo que esperábamos y por lo que quieres para tu carrera final”, se lamentó. 

A sus 36 años, Patrick sabía que se acercaba a la línea de meta de su trayectoria. El pasado verano su continuidad pendía de un hilo ante la pérdida de patrocinadores y la falta de una escudería que confiase en una veterana del IndyCar y la NASCAR. Finalmente logró que el equipo Ed Carpenter Racing-Chevrolet le cediese un coche de color verde brillante con el número 13 para volver a la pista en la que cimentó su leyenda, el óvalo donde terminó en tercera posición en el año 2009 tras conseguir la proeza de liderar la prueba. 

La carrera final de Danica fue la primera en la que no vio la bandera a cuadros de Indianápolis, tras acabar la prueba en sus siete participaciones anteriores y hacerlo en el top diez en media docena de ellas. Su regreso a boxes antes de tiempo replicó el desenlace de su otra prueba del año, el Daytona 500, donde también había inscrito su nombre en una pole position hace años. 

Para los críticos, que los tenía, este decepcionante adiós alejado de una victoria, es el adecuado para una piloto que copaba portadas por encima de sus resultados y que tuvo un volante en la codiciada escudería Stewart-Hass Racing al que no sacó el partido previsto en la Copa NASCAR. Pese a todo, en su palmarés sigue brillando una victoria en Indy (Motegi, 2008) y su trabajo como pionera para abrir camino a las mujeres en el paddock

Danica Patrick negó antes de su despedida que piense en regresar a la competición en el futuro. Tras la carrera acudió a las redes sociales para dejar un mensaje a la afición: “Esto es solo un capítulo del libro. Hoy resulta duro, pero solo porque el capítulo que termina ha significado tanto para mí. Gracias por los recuerdos. Estoy sin palabras”. Después, camino de su Wisconsin natal, comenzó a pensar en cómo vivir una vida fuera del deporte junto a otra estrella estadounidense aún en activo, su novio Aaron Rodgers, quarterback de los Green Bay Packers

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