Para medir bien la dimensión de Serena Williams en la historia del tenis y, sobre todo, la necesidad de que la veterana de 36 años vuelva al primer nivel después su maternidad, vayamos al vestuario. Hace unos meses, la número uno del mundo Simona Halep fue noticia porque su contrato publicitario con una marca de ropa deportiva se había terminado y la rumana no tenía suministro, así que decidió competir y ganar partidos con un vestido comprado en AliExpress. Era una mezcla de cutrez y admiración por la sencillez de una número uno característica de los últimos meses en el circuito femenino: sin grandes títulos, sin consistencia, sin demasiado carisma. Por contra, Serena Wiliams se planta en Roland Garros con un imponente mono ajustado negro, que resalta su rotundo físico (que Nike debió agotar en horas), y es noticia en todo el mundo por los motivos justamente opuestos a los de la ropa de Halep. Sirva este ejemplo para medir el por qué la lesión de Serena Williams no sólo ha frustrado su duelo con Maria Sharapova en Roland Garros, sino quizás el partido más importante del torneo de París en 2018.

He tenido algunos problemas en mi músculo pectoral, y han ido yendo a peor hasta el punto de que ahora mismo no puedo sacar. Es difícil jugar cuando no puedes sacar. Estoy muy decepcionada. Renuncié a mucho, a tiempo para mi hija, a tiempo con mi familia. Lo puse todo en la pista. Todo para este momento. Así que es verdaderamente difícil estar en esta situación, pero yo siempre intento pensar de un modo positivo y ver la fotografía completa. Espero estar en los próximos torneos y el resto del año”, dijo una decepcionada Serena Williams para anunciar su retirada en Roland Garros, donde tenía que medirse a otra retornada (por motivos bien distintos) Maria Sharapova. La estadounidense, 36 años y 23 títulos de Grand Slam a sus espaldas, estaba dando un buen nivel en la tierra de París después de una reaparición que no estaba llenando las muchas expectativas (y necesidades) que había en el circuito WTA.

Porque el duelo de Serena con Maria Sharpova era el de las viejas grandes estrellas, las dos tenistas más mediáticas de la década, recuperando viejas batallas mientras un enjambre de jóvenes aspirantes siguen rotándose en el primer puesto del circuito. Las dos se enfrentaron por primera vez hace 14 años, y hacía 2 que no se veían las caras en la pista. Ni siquiera es que fuera una rivalidad muy disputada: 20 victorias para Serena Williams, 2 para Sharapova. Varias de esas derrotas de la rusa fueron en finales. Es lo habitual con la menor de las Williams, de todas formas. En una era donde el circuito masculino vive aún de Rafa Nadal y Roger Federer, el duelo en octavos de final entre Serena y Sharapova era algo más que un simple partido.

Y ahora, en lugar de eso, habrá un Sharapova-Garbiñe Muguruza en cuartos de final, dos jugadoras separadas por una década de carrera pero muy similares en sus características de juego. La nueva guardia contra la vieja, con favoritismo para la hispano venezolana. Mientras, Serena Williams lo verá cuidando su pectoral, agotando las existencias de cinta elástica para estirar su músculo, rumiando la posibilidad de volver a las rondas finales de un Grand Slam y dejar más recuerdo que el de su espectacular atuendo de súper heroína. 

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