Cuatro años después de haber alcanzado su primera final de Roland Garros, Simona Halep ha conquistado su primer Grand Slam sobre la tierra batida de París. La tenista rumana, número 1 de la WTA desde octubre del 2017, ha superado a la estadounidense Sloane Stephens en una dura final que exigió una gran remontada por parte de la jugadora de Constanza. La norteamericana venció el primer set pero Halep dio la vuelta al encuentro para culminarlo con una aplastante superioridad en la tercera manga

Los primeros nueve juegos de la final femenina fueron una auténtica exhibición por parte de la tenista de Florida. La ganadora del último U.S. Open, inexpresiva como de costumbre, empezó a conectar ganadores gracias a su fenomenal potencia y la gran habilidad para encontrar los espacios donde ni siquiera una tenaz luchadora como Halep puede llegar. Un único break fue suficiente para que Stephens se colocase a un solo set de la gloria en París. Parecía una historia familiar para la rumana, que ya había caído en las finales del 2014 y del 2017. 

Por si fuera poco, la situación se complicó todavía más para la de Constanza con la tempranera rotura de Stephens en la segunda manga. Pero como la propia Halep reconocía al finalizar el encuentro, verse tan abajo en el partido provocó que se relajara e intentase disfrutar con su juego. Ese cambio de mentalidad surgió el efecto deseado, pues la rumana devolvió el break, consiguió otro y la contienda se equilibró. Ahí al final del set, Halep demostró la razón de que ocupe el número 1 de la WTA desde hace tantos meses, quebrando el servicio de su rival en el momento más oportuno. 

A partir de ahí, el físico de Stephens claudicó. La norteamericana apenas podía moverse con comodidad y ello condujo a Simona Halep hacia un rotundo 6-1 definitivo y a su primera conquista de Grand Slam. La suya ha sido una historia de perseverancia, con tres finales perdidas en los últimos años (las dos citadas y otra en Melbourne), así como otras dos derrotas en semifinales de U.S. Open y Wimbledon. Un camino duro para la rumana, extraordinaria jugadora que, al fin, recibe su merecido premio en la forma de un Roland Garros que seguramente no será el único

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