La tierra batida de París ha sido y sigue siendo territorio Rafael Nadal. El tenista español, leyenda viviente del deporte, ha ganado su undécimo Roland Garros tras superar a un excelente Dominic Thiem en la gran final por 6-4, 6-3 y 6-2. El indiscutible número uno del mundo en la superficie volvió a lucir su extraordinario repertorio de golpes ganadores y una mentalidad privilegiada en los momentos decisivos del duelo para controlar el ímpetu del austríaco, probable vencedor en un futuro no muy lejano pero que, a día de hoy, se encuentra lejos de un señor para el que se acaban los calificativos. 

El encuentro fue un espectáculo sensacional desde el mismo comienzo, con el mallorquín intentando abrir espacio en el marcador. Sin embargo, Thiem respondió al inmediato break de Nadal con otro a su favor, mientras público y espectadores televisivos disfrutaban con intercambios colosales y alternativas para uno y otro. Solo el sexto juego del primer set duró más de 12 minutos. Y a medida que avanzaba el reloj, se demostró por enésima vez la diferencia entre el número 1 de la ATP y el resto de los mortales. 

Con el partido totalmente equilibrado, el austríaco sirvió para igualar a 5 pero el desgaste físico y mental de la batalla previa le pasó factura. Thiem cedió ese saque en blanco y empezó a ir a remolque desde ahí. De hecho, Nadal volvió a obtener un break nada más arrancar la segunda manga, y aunque el joven aspirante amagó con recuperar terreno en más de una ocasión, el balear se mantuvo con firmeza al mando. La experiencia en estos niveles terminó resultando clave. 

El tenista de Manacor empleó ese tempranero quiebre para cerrar el segundo set por 6-3 y colocar una ventaja de 2-0 a su favor que parecía una losa insuperable para Thiem. El austríaco es un jugador excelente, el único capaz de superar a Nadal en esta superficie en los dos últimos años, pero tiene todavía detalles que pulir para ofrecer una alternativa real a cinco sets; para empezar, conseguir una mayor regularidad con su primer saque y reducir considerablemente el número de errores no forzados. 

A principios del tercer set, ya con otra rotura en la mochila de Rafa, el manacorí sufrió calambres en su mano derecha y la incertidumbre se apoderó de la Philippe Chatrier. Pero Nadal está hecho de otra pasta. Ni siquiera esas molestias quebraron su camino hacia la undécima Copa de los Mosqueteros, su decimoséptimo Grand Slam y su título número 79 en total. El deportista español más grande de siempre. Sigamos disfrutando con él por mucho tiempo. 

No Hay Más Artículos