Si algo no se le puede reprochar a Fernando Alonso es el de tener un gran ansia competitiva. Después de demasiado tiempo marchitándose en la intrascendencia de su rol en la Fórmula 1, por más que expertos de un lado y otro le señalen como el (quizás) mejor piloto de la parrilla, el español se buscó un nicho de importancia y objetivos legítimos: lograr la Triple Corona, haber ganado en las tres pruebas más significadas del calendario mundial del motor. Ya tiene dos, el Gran Premio de Mónaco y ahora las 24 Horas de Le Mans, la mítica carrera de resistencia. Sólo le quedan las 500 Millas de Indianápolis, después del primer asalto fallido.

En el horizonte, igualar a a Graham Hill, el único piloto capaz de hacerlo. Son los estímulos que busca Fernando Alonso para evitar pensar en otra cosa que los constantes problemas y decepciones de su McLaren. En las 24 Horas de Le Mans, se volvió a subir a un Toyota que ya había demostrado en la prueba de resistencia de Spa hace un par de meses que es muy superior al resto de sus rivales. Dándose relevos con sus compañeros Sebastien Buemi y Kazuki Nakajima, el equipo de Fernando Alonso hizo dos vueltas más recorridas que sus inmediatos perseguidores a bordo del otro Toyota.

De nuevo volvieron a surgir suspicacias por el supuesto trato de favor que la fábrica japonesa pudo haberle dado a Fernando Alonso, para conseguir que el asturiano subiese al podio de las 24 Horas de Le Mans y el consiguiente impacto publicitario en mercados que, de otra manera, la prueba quizás no tendría. Y es que el único rival del Toyota que dirigió el español era el otro Toyota, justo el que se quedó sin gasolina y forzó a que el nipón Kobayashi rebajara sensiblemente el ritmo para llegar al garaje y repostar. Oportuno incidente justo después de un turno nocturno de Fernando Alonso que dejó clara su capacidad de ajustarse en tiempo récord a circunstancias y coches radicalmente distintas a las que enfrenta en su día a día.

El asturiano hizo los deberes en un turno nocturno que enjugó la única amenaza de su Toyota y puso a su compañero Nakajima (autor de la pole position en la jornada previa) en posición de sentenciar un triunfo que sólo el otro coche japonés podía poner en duda. Ahora, a Alonso le queda el último reto de la mítica prueba de la Indy Car en Indianápolis, donde ya tuvo un prometedor acercamiento el año pasado pero frustrado por una avería mecánica. Nadie duda de que Fernando Alonso no parará hasta lograrlo, aunque las circunstancias quizás no sean tan favorables como las del Mundial de Resistencia, donde la supremacía de Toyota es un factor imposible de ignorar. Como tampoco el hecho de que esta diversificación de éxitos hace que el futuro de Fernando Alonso sea cada vez más incierto.

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