Si el calendario lo midiésemos solo en el tiempo que duran las carreras, podríamos decir que desde que cayó la bandera a cuadros en el Gran Premio de Canadá de hace dos semanas, el liderato del Mundial de Fórmula 1 le duró 11 segundos a Sebastian Vettel. Fue lo que tardó en tomar la salida del Gran Premio de Francia y arrollar con su Ferrari al Mercedes de Valtteri Bottas en la primera curva del circuito Paul Ricard. El piloto alemán dañó el morro de su monoplaza y sufrió una sanción de cinco segundos. En ese tiempo, apenas un largo suspiro, ya era posible saber que iba a haber cambio de nuevo al frente de la clasificación. Porque mientras unos se quedaban haciendo un trompo en la pista, Lewis Hamilton aceleraba en solitario hacia la victoria

El triunfo sobre el asfalto galo supuso varios registos notables para el británico: recuperaba el liderato del Mundial de pilotos con 145 puntos por 131 de Vettel, que bastante hizo con remontar para terminar en quinto lugar; sumaba el triunfo número 65 en su carrera; y lograba subir al primer cajón del podio en el único circuito que le faltaba. Hamilton ha conocido 26 trazados en su paso por la Fórmula 1 y ya ha ganado en todos ellos. 

En esta ocasión lo acompañaron en la ceremonia de honor Max Verstappen, segundo, y el otro Ferrari, Kimi Raikkonen, tercero. El accidente causado por Vettel trajo cola en la rueda de prensa posterior al gran premio, cuando Verstappen, que había sido criticado a principio de temporada por su agresividad, se despachó con ironía ajustando cuentas: “La próxima vez que veáis a Seb le podéis pedir que cambie su estilo de pilotaje, porque honestamente no se puede permitir. Eso es lo que me dijeron a mí al principio de la temporada, así que deberían hacer lo mismo, y después, claro, Seb no debería decir nada y simplemente limitarse a conducir de nuevo y aprender de esto y seguir”. A su lado, el ganador de la prueba no podía contener la risa. 

“Estaba un poco atrapado y no podía ir hacia otro sitio”, se justificaría Vettel. “No hay nada mejor que un conductor feliz y un coche feliz”, celebraba mientras tanto el vigente campeón del Gran Circo, ajeno a los desvelos de todos los coches que apenas pueden seguir la estela plateada de su Mercedes. Lo intentó durante un tiempo el español Carlos Sáinz Jr., que circuló tercero durante varias vueltas hasta caer finalmente a la octava posición entre quejas por la pérdida de potencia de su motor. Aun así, el de Renault suma siete carreras consecutivas entrando en los puntos. Es la tercera mejor racha activa en toda la parrilla, tan solo por detrás de las de los dos primeros clasificados del Mundial. 

Donde no hay buenas noticias de ningún tipo en ese volcán a punto de erupción que es McLaren. Fernando Alonso tuvo que abandonar en la última vuelta con una suspensión rota y porque, como él mismo explicaría después, “llegué al taller con una rueda mirando a Cuenca”. Ahora que, gracias a su experiencia en la prueba de resistencia de Le Mans vuelve a saber lo que es sentirse un ganador, el bicampeón mundial no puede esconder su desesperación con su disfuncional bólido. “Tío, no tengo frenos, ni neumáticos, ni estamos en los puntos. No sé… Podemos intentar hacer lo que sea, pero a mí ya no me importa demasiado”, le dijo por radio a su ingeniero en uno de los momentos más destacados de otra prueba que Lewis Hamilton pudo llevarse sin mirar por el retrovisor. 

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