Primero cambiaron el motor y ahora, como el coche sigue sin funcionar, empiezan a cambiar a las personas. McLaren, la legendaria escudería de la Fórmula 1, sigue sin encontrar el camino de vuelta hacia el podio de las carreras, mientras observa a su antiguo motorista, Mercedes, y a su máximo rival, Ferrari, alternarse en cabeza de la competición. Tan desnortada semeja la marca de Woking que ahora mismo todo parece posible, incluso que replicando la trayectoria de su principal activo, el piloto Fernando Alonso, veamos uno de los bólidos ingleses corriendo en los óvalos de la IndyCar Racing estadounidense. Por lo de pronto, uno de los nombres destacados del circuito americano de carreras, Gil de Ferran, es el nuevo responsable deportivo que se colgará los prismáticos este fin de semana en el box de Silverstone

La llegada del ex piloto brasileño, campeón de las 500 Millas de Indianápolis en 2003, sucede a la despedida del francés Eric Boullier, que presentaba su dimisión este miércoles. Cualquiera que haya visto la serie documental Grand Prix Driver elaborada por Amazon alrededor de la nefasta temporada pasada de McLaren habrá sentido simpatía por Boullier. Tras tres años de malos resultados al frente del equipo, el antiguo jefe de Lotus se desvivía por convencer a Alonso de que permaneciese al frente del proyecto deportivo, seguro de que su talento sumado al cambio de los motores Honda por unos Renault era cuanto necesitaban para salir a flote. El quinto puesto del español en el GP de Australia que abría esta temporada fue posiblemente el momento más feliz para el galo. Pero desde entonces todo volvió a resquebrajarse. 

El monoplaza del asturiano es octavo en la clasificación general de pilotos, ni siquiera ronda los puestos de honor y suma 36 puntos tras nueve pruebas. El segundo McLaren, conducido por Stoffel Vandoorne, ocupa el lugar 16 de la tabla con ocho puntos. La escudería pasea a duras penas su mítico nombre en el sexto puesto del mundial de constructores, solo dos puntos por encima de Force India. “Estoy muy orgulloso de haber trabajado con un equipo tan brillante durante los últimos cuatro años pero reconozco que ahora es el momento apropiado para dar un paso al lado”, explicó Boullier en una escueta nota de dimisión.

El CEO Zak Brown se ahorró los eufemismos: “El rendimiento del MCL33 en 2018 no ha alcanzado las expectativas de nadie en McLaren, especialmente de nuestros leales fans (…). Las causas son sistémicas y estructurales, lo que requiere un gran cambio desde dentro. Con el anuncio de hoy empezamos a afrontar esos problemas de frente y damos el primer paso en nuestro camino hacia la recuperación”. 

Ese paso lo da De Ferran, avanzando desde las bambalinas que ocupaba hacía semanas hasta el primer plano del Gran Circo. Contratado como asesor del equipo, el brasileño mantenía relación con Alonso desde su gratificante participación en Indianápolis. Allí lo aconsejó en su primer intento de alcanzar la Triple Corona, un sueño más cercano después del triunfo del piloto en las 24 Horas de Le Mans. Por si no estuviese claro aún que el equipo se está haciendo a medida del bicampeón del mundo, el cambio organizativo en McLaren supone también el ascenso de Andrea Stella, el hombre que dejó Ferrari junto al español, a director de rendimiento. 

Los efectos de estas mudanzas son impredecibles. Hay poca confianza en que los resultados puedan mejorar significativamente cuando ya estamos cerca del ecuador de la temporada de Fórmula 1. Pero el panorama para una escudería sedienta de algún triunfo se abre. Porque si Fernando Alonso se harta de la competición global y persevera en su aventura americana, con Gil de Ferran como jefe de operaciones deportivas McLaren ya habrá ganado una buena posición de salida para el día en el que decida colocar un bólido con su propio logotipo en las IndyCar Series.

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