El torneo de Wimbledon es un compendio de muchas cosas: fresas con nata y si puedes champán, grandes praderas con pantallas gigantes donde ver los partidos si no puedes permitirte una entrada a las pistas, son los Duques de Kent entregando el trofeo a los vencedores, son las indumentarias blancas impolutas… En definitiva es el torneo de tenis más especial y más que centenario. Aún crujen las cinturas poco flexibles del All England Tennis Club cuando tuvieron que ceder ante la evidencia de la necesidad de un techo retráctil para espantar la lluvia de verano. Así que era de esperar que nada, ni siquiera la perspectiva de histeria nacional de que Inglaterra llegue a la final del Mundial de Rusia 2018, fuerce el cambio de horario de la decisión del cuadro masculino, el último partido de cada edición de Wimbledon.

Los responsables del torneo de Wimbledon se han mostrado muy tajantes: no hay manera de que se altere el horario de las 14.00, hora de Londres, para la final masculina, por mucho que el Mundial de fútbol se decida a las 16 horas, y por más que haya una seria posibilidad de que Inglaterra esté en ella. Pero seguro que en su fuero interno, están rezando a Boris Becker para que Rafa Nadal y Roger Federer lleguen a la final y reediten algo parecido a lo que hicieron hace 10 años, una final para los anales. Porque la presión es grande y la principal televisión con sus derechos va a emitir los dos eventos el mismo día.

La BBC ya ha anunciado que moverá la final de Wimbledon de su primer canal al segundo en el momento en que empiece la decisión de Rusia 2018. Eso antes de saber los protagonistas de ambos eventos. Pero la organización del torneo londinense se muestra tajante en cuanto a otras concesiones. No se podrá ver el fútbol en las pantallas gigantes de las instalaciones del All England Tennis Club, y desde luego no se modificará el horario de la final masculina. “La final se jugará a las 14.00, como siempre. Hemos vendido todas las entradas y hay un interés masivo. En absoluto hay ningún plan de cambiar nada”, dijo Richard Lewis a la BBC,.

Y Mick Desmond, director comercial y de relaciones con los medios del torneo de Wimbledon, echó parte de la culpa a la FIFA, diciendo que ellos decidieron programar la final de la Copa del Mundo a sabiendas de que iba a  coincidir con Wimbledon en conversaciones entre las ambas instituciones. Algo que habla a voces de la confianza y autoestima del torneo tenístico más especial del mundo. Wimbledon hace oídos sordos al fervor popular por más que hasta los propios jugadores quieran irse rápido a las duchas para encender sus teléfonos y ver los resultados de sus selecciones preferidas.

Y también al consejo de leyendas como Mats Wilander: “Creo que deberían adelantar la final una hora. Sería muy inteligente hacer eso. Creo que hasta los jugadores estarían de acuerdo. Ellos y los sponsors quieren que la gente vea Wimbledon, todos quieren eso. Es cierto que los contratos televisivos alrededor del mundo podrían ser un problema, pero creo que deberían haber considerado cambiar el horario antes de que comience”. No parece que Wimbledon vaya a escuchar al extenista australiano.

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