Kevin Anderson y John Isner han entrado en la historia de Wimbledon. Bueno, realmente es la segunda vez para el estadounidense, pero en esta ocasión en el lado de la cruz. La cara ha sido para el tenista sudafricano, vencedor de la semifinal más larga de todos los tiempos sobre la hierba de Londres. 7-6, 6-7, 6-7, 6-4 y un interminable 26-24 es el marcador final de un encuentro que ha servido para clasificar al de Johannesburgo para su segunda final de Grand Slam, después de haber jugado la del último U.S. Open. Más de seis horas y media de tenis para dos hombres cuyo estilo gustará más o menos pero que merecen un grandioso aplauso por un esfuerzo sobrehumano

Que el partido tenía muchas posibilidades de resultar muy largo se sabía desde antes de empezar. Anderson ya había derrotado en la ronda anterior a Roger Federer, en cinco sets, en la gran sorpresa del torneo y probablemente de toda la temporada. Por su parte, Isner había dado cuenta de Milos Raonic en un duelo plagado de aces y numerosos tie-breaks. Dos extraordinarios sacadores se citaban, otra vez, por un puesto en la final. En un encuentro que ya ha pasado a los libros de historia del All England Tennis Club

El enfrentamiento arrancó con el guión esperado. Ambos tenistas mantenían su servicio sin apenas dificultad y el desempate con el 6-6 resultaba inevitable. Ahí golpeó primero el sudafricano, pese a que el equilibrio se mantenía (8-6 en el tie-break). El segundo set fue calcado, solo que esta vez sería el norteamericano el que se llevaría el gato al agua en la muerte súbita; tomó una ventaja considerable desde el principio que le valdría después para poner las tablas en el electrónico británico. Ya en la tercera manga, con el cansancio dejando huella en ambos, llegarían las primeras roturas de la tarde, una por barba, así que el desenlace debería producirse, por tercera vez, a los mini-puntos: Isner volvió a ser mejor y se colocaba a un solo set de la final. 

Pero Anderson estaba lejos de rendirse. El sudafricano rompió por dos veces el descomunal servicio de su rival para ganar 6-4 y llevar el choque a una quinta y definitiva manga. Aún siendo conscientes de que sería una durísima batalla, nadie podría haber imaginado lo que ocurriría. Ambos tenistas se mantenían absolutamente intratables con su saque, coleccionando saques directos a montones que, además, suponían un nuevo récord en el currículum del jugador de Carolina del Norte. El público empezaba a preguntarse si Rafa Nadal y Novak Djokovic podrían saltar a la pista en la segunda semifinal…

Pero a medida que avanzaba el partido las fuerzas de Isner menguaban. Anderson se colocó en varias ocasiones con un apetecible 0-30, solo para ver aniquilada su ventaja a través de varios aces del norteamericano. Con empate a 24 juegos, el sudafricano rompía al fin y confirmaba después su triunfo ante un público entregado a ambos. Isner había sido el vencedor en el duelo más largo de la historia, su victoria sobre Nicolas Mahut en 2010 en el mismo lugar. Ocho años después ha tenido que rendirse ante un Anderson que desconoce el significado de este verbo. 

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