Kingsman, el film de Matthew Vaughn del año 2015 que adapta un cómic de Mark Millar, contiene una secuencia memorable. El personaje protagonista, interpretado por Colin Firth, realiza una matanza en una hipnótica escena de varios minutos coreografiada con la precisión de una ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos para crear un caos bellísimo y salvaje. En el partido de clasificación para el Mundial de Baloncesto que Filipinas y Australia disputaron el pasado 2 de julio en Manila sucedió un momento igual de cautivador. Una falta en la zona desató un festival de agresiones en plano secuencia del que era tan imposible apartar la vista como fijar la atención en un único punto. Pocas veces se ha visto en el baloncesto profesional un momento como ese, con un pie en el Royal Rumble de la lucha libre y otro en una fantasía de artes marciales. 

Dos semanas más tarde, la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA), ha entregado los premios que merecía semejante despliegue de violencia y espectáculo: 35 partidos de sanción en total a repartir entre 13 jugadores y dos entrenadores. El equipo local, el más entusiasta a la hora de las tortas, se lleva la peor parte. Diez jugadores fueron suspendidos: Japeth Aguilar y Matthew Wright, con 1 partido cada uno; Terence Romeo, Jayson Castro William, el ex NBA Andray Blatche y Jeth Rosario (3 partidos); Roger Pogoy, Carl Cruz y Jio Jalalon (5 partidos); Calvin Abueva (6 partidos). También el técnico asistente Joseph Uichico se quedará tres partidos en la grada y el seleccionador, Chot Reyes, se ausentará un encuentro y tendrá que pagar 10.000 francos suizos. Los filipinos jugarán además su próximo encuentro a puerta cerrada. 

Tres australianos tendrán descanso forzoso:  Chris Goulding (1 partido); Thon Maker, el larguísimo pívot de los Milwaukee Bucks (3 partidos) y Daniel Kickert (5 partidos). Las dos federaciones tendrán que sufragar también una multa en francos suizos: 100.000 por parte de Australia y 215.000 en el caso del archipiélago asiático. Todo el dinero se empleará para un programa social de la Fundación Internacional de Baloncesto

Por supuesto, tampoco se libran los culpables de no haber frenado a tiempo el desaguisado. Los árbitros del encuentro “serán retirados de forma inmediata del Programa de Élite de la FIBA” y se les acabó eso de arbitrar partidos internacionales al menos durante un año. 

De la magnitud de lo ocurrido dio cuenta el entrenador asistente de los Boomers, Luc Longley, el primer australiano que jugó en la NBA. Lo hizo ni más ni menos que en los Chicago Bulls de Michael Jordan. El pelirrojo pívot, que adornó su mano con tres anillos de campeón junto al número 23 y conoció el rudo baloncesto de los años 90 en Estados Unidos, dijo tras el encuentro que “Nunca había visto nada parecido, ni en Youtube”. De vuelta en su país, aseguró que el equipo temió por su vida y que las agresiones habían sido premeditadas por el entrenador rival: “Lo culpo más que a los demás, y el hecho de que permitió que su equipo tomara selfies, selfies de gánsters después de algo así, demuestra una total falta de control y respeto”.

Peleas por toda la pista, selfies de gánsters, sanciones históricas. El Filipinas-Australia es ya uno de los partidos más memorables/lamentables de la historia del baloncesto FIBA. 

P.D. Por si a alguien todavía le interesa, el partido se suspendió en el tercer cuarto, con victoria 53-89 para los australianos. 

No Hay Más Artículos