Para desgracia de la competición, el Tour de Francia está siendo noticia por lo que sucede en los arcenes antes que por lo que ocurre sobre la ruta. Es a orillas de la carretera donde se concentran los aficionados que abuchean (e incluso escupen) a Chris Froome y el Team Sky por la sombra de dopaje que persigue al equipo británico y al cuatro veces campeón en París, o donde también un inconsciente se inclinó tanto sobre los corredores que acabó enganchando a Vicenzo Nibali con la cinta de su cámara fotográfica y lo tiró al suelo en plena subida a Alpe d’Huez, provocando su adiós a la carrera. Y esperando al pelotón también estaban este martes, en la primera etapa pirenaica, un grupo de granjeros dispuestos a cortar la prueba con balas de paja sobre el asfalto. 

La acción de los agricultores ha acabado con la carrera detenida y varios ciclistas teniendo que ser atendidos tras resultar rociados con un tipo de gas lacrimógeno. La procedencia del spray está en entredicho, ya que hay medios que atribuyen su uso a los manifestantes y otros que señalan a la policía. 

El incidente se produjo a 187 kilómetros de la meta situada en Bagneres de Luchon, unos 30  después de la salida en Carcassonne. Instantes antes de la llegada de los ciclistas, los campesinos que esperaban con sus tractores al lado de la carretera la han bloqueado con paja. La policía que escolta la caravana actuó para retirar de inmediato los obstáculos. Según unas versiones, las fuerzas del orden emplearon un spray de pimienta para forzar a los granjeros a desalojar el trazado. Otras afirman que fueron los manifestantes quienes impregnaron la paja con el químico. Sea de una forma u otra, los deportistas se vieron afectados y dirección de carrera detuvo la prueba durante quince minutos para tratar de frenar la llorera y el picor de ojos de los corredores alcanzados, entre ellos el propio Froome, el líder Geraint Thomas o el campeón del mundo Peter Sagan

Tras un parón de un cuarto de hora, la atención de los médicos y escenas de varios corredores gastando su bebida para lavarse los ojos, se dio una nueva salida neutralizada a la etapa. 

De lo que no han informado las agencias internacionales de prensa es del motivo de la protesta de los granjeros, que a menudo se sirven de la atención que genera el Tour para demostrar que esas imágenes idílicas del rural francés que enseñan los helicópteros de la realización televisiva no lo son tanto cuando se desciende al nivel del campo. Los sectores productores primarios europeos padecen por la adaptación a un mercado globalizado y tienen en una prueba deportiva de alcance mundial uno de los escasos escenarios para hacer fuerza ante su gobierno y reclamar las medidas proteccionistas que garanticen su futuro. 

Una sensación de impotencia, la de los manifestantes, que se vive también en la propia competición, donde el Sky gobierna con mano de hierro, y esta última semana pirenaica dirimirá si, salvo sorpresa mayúscula, es Thomas o Froome el que vestirá de amarillo bajo el Arco del Triunfo

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